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INSPIRADME

Inspiradme

 

¿Dónde están, musa?

¿Dónde aquellos versos?

¿Dónde las lunas,

dónde los besos?

 

Ya se fueron y no han vuelto.

 

¿Acaso sólo ella merece

alabanzas de mi pecho?

 

No lo entiendo.

 

¿Acaso tengo prohibido amar?

¿Qué hay de malo en todo ello?

Soy ser, soy humano,

tengo alma: siento.

 

Deseo, musa, ¡deseo!

 

¿Cuánto más he de esperar;

cuánto ha de pasar el tiempo?

¿Y por qué Ella no se va

cuando yo ya no la quiero?

 

¡No lo entiendo!

 

¿Dónde están, musa?

¿Dónde aquellos versos?

¿Dónde las lunas,

dónde los besos?

 

Ya lo entiendo, ¡ya estás cerca!

 

Porque Tú eres mi musa

y si no, no soy poeta.

 


En la portada, ‘Beren a Luthien’, de SarkaSkorpikova en DeviantArt.

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La Luna y la estrella – un cuento en verso

La Luna y la estrella

 

Había una muchacha,

tan bella, tan bella,

que la misma Luna

confundía con estrellas.

 

Esta la amaba

(¡tan lejos, tan cerca!),

y cada mañana

salía a verla.

 

La muchacha, confusa,

y tan bella, tan bella,

le dijo a la Luna,

tranquila y serena:

 

– ¿Acaso no ves que no soy estrella?

Tan solo una niña,

morena, morena y

tuya es la noche por naturaleza.

 

– ¿Quién quiere la noche,

doncella, oh, doncella,

tan negra y tan fría,

si no estás en ella?

Prefiero mil veces

tus luces, doncella,

que no poder verte

siendo Luna nueva.

Si salgo por ti,

mi alba, mi estrella,

no me hagas volver

a la noche tan negra.

 

La muchacha hechizada,

tan buena y tan buena,

prometió cada noche

que iría a verla.

 

Y fueron felices,

la Luna y la estrella,

que resultó ser muchacha,

muy bella, muy bella.

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Aroma – un relato corto con George Clooney y Jack Black

Llovía.

Pero no por causas químico-medioambientales, ni porque los dioses estuvieran cabreados, o los ángeles llorando. Llovía porque debía estarlo. Era necesario para que la noche se embadurnara de un ambiente dramático…

… por eso Jack conducía a las tantas de la noche, la lluvia cayendo sobre el parabrisas de su Lexus Hybrid. Cegándole. El actor maldiciendo cada vez que el cartel de la autopista adelantado no era el que esperaba…

… por eso, al darse cuenta de que debía haber girado un par de salidas atrás, detuvo su vehículo, maldijo de nuevo, y condujo de vuelta, esta vez saliendo a gran velocidad de la autopista…

… por eso, una vez Jack se percató de que estaba llegando a su destino, aceleró, abriendo de par en par intencional y súper épicamente las puertas doradas de la verja del perímetro, a la par que un trueno iluminaba la mansión como un leviatán irguiéndose ante él…

Por eso. Por eso llovía.

Por el drama.

Jack Black – sí, ese Jack Black, el actor – sentía desesperación y algo profundo y shakesperiano, indescriptible pero muy mierdoso.  Era un largo viaje desde la entrada del recinto a la puerta principal del lujoso casoplón,  y ya tenía más o menos construida una disculpa por los posibles pavos reales atropellados.

Tres relámpagos y un pavo (al que se le perdonó la vida) tras atravesar el laberinto de jardín, el Sr. Black llegó al porche del gran chalé y detuvo el coche.

Cagándose en la madre del atascado cinturón de seguridad, Jack lo desabrochó y salió del coche hacia la ahora tormentosa noche.

– ¡George! – Gritó. – ¡Geooorge!

Cual joven británico que acaba de llegar al aeropuerto justo antes de que el avión en el que viaja su amante despegue, Jack Black cerró el coche con un portazo.

– ¡Geooorge! – Volvió a gritar, rabia en su voz, a nadie en concreto. Esperó entonces a que la lluvia se deslizara por su rostro, de su cabello a sus labios, y escupió:

– ¡¡¡PffrfgGEOOORGE!!!

Una de las ventanas un par de metros sobre la entrada de la mansión se iluminó. Seguidamente, una figura se acercó desde el interior, apartando las cortinas y abriéndola de par en par.

George Clooney oteó en la tronada noche, intentando averiguar quién gritaba como un pirado a sus puertas.

– ¿Jack?

– ¡Buenas noches, George! – Respondió Jack, sonriente.

– ¿Qué estás hacien…? ¿Por qué no has picado al tim…? ¿Cómo demonios has entrado en el recin…? ¿¿¿Es eso uno de mis pavos reales???

– Sí… No sé, tío. Estoy un poquito estresado ahora, no seas duro conmigo.

– Joder, Jack, ¿qué ocurre? – preguntó George mientras abrochaba su dorado y blanco albornoz, protegiéndose así del frío.

– ¡Puede que esté a punto de ocurrirnos algo terrible, y he venido a advertirte! – Jack parecía preocupado, casi tanto como cuando le dijeron que Escuela de rock no iba a ser nominada a mejor película. Aquella peli lo era todo para él.

George comprendió entonces la importancia.

– Está bien, entra. Rápido. Hace frío y me estoy mojando.

– Eso es lo que dijo ella – comentó Jack para sus adentros. Después se acercó al portón, esperando a que Jack le abriera.


El vestíbulo principal era lo suficientemente grande como para que un par de camiones aparcaran, se transformaran y avanzaran sin colisionar.

Dos grandes puertas de roble a cada lado de una amplia escalinata tapizada de púrpura aparecieron ante Jack cuando se adentró en el hall, cerrando el portón principal tras de sí. Lamparones eléctricos de estilo medieval iluminaban la habitación, y piezas de arte, digamos, ¿bohemio? (esculturas y pinturas varias) no dejaban ver ni un ápice de pared.

George Clooney bajó apresuradamente los escalones, candelabro arcaico-eléctrico en su zurda (ya sabéis, como los que usan en las pelis de Harry Potter, pero a pilas). Calzando unas graciosas zapatillas se ajustó de nuevo el albornoz. Uno diferente. Rosa. Con unicornios y arcoíris estampados.

– Estás georgdídamente guapo con ese albornoz, George.

– Gracias, es de Amal. El mío está empapado porque un tonto-lava ha hecho que me asome por la ventana en medio de una tormenta – respondió George, ofreciendo una toalla a su amigo actor-. En fin, ¿qué ocurre, Jack?

Jack Black secó su rostro agitándolo en la toalla.

– Jo, tío, ¡qué suave! ¿Con qué lo lavas? ¿Con suavizante de culo de bebé? – Cuando acabó con su rostro, siguió con sus sobacos. – ¿Esto es sudor o agua? No soy capaz de diferenciarlos.

George respondió con una paciente sonrisa.

– ¿Y bien?

– ¿Qué…? ¡Ah! – Olisqueó-. Es sudor.

– ¡No! ¿Por qué estás aquí?

– Ah.

Jack se ensombreció. La tristeza se llevó su sonrisa burlona y George se percató de que detrás de aquella actitud de payaso estaba ocurriendo algo realmente malo. Intentó entonces mantener esa idea en su mente, aun cuando Jack enrolló su cabello mojado en la toalla, usándola a modo de turbante.

– Quizá deberíamos sentarnos. ¿Tienes algún lugar calentito en casa?

– Sí. Sí, claro. Hay una chimenea en el salón. Vayamos allí, te prepararé alguna bebida caliente – dijo George, invitando a Jack a que le siguiera.

– Guay – asintió él, desganado-. Seguro que hay una alfombra-tigre con la boca abierta cerca de esa chimenea…

– ¡Quizá lo que haya sea una alfombra-cabra a la que miré fijamente! – rio Clooney. Al no haber reacción, se entristeció – Tío, Jack, ¿qué ocurre? Ya ni los juegos de palabras con referencias funcionan. Estoy realmente preocupado.

– Has de estarlo, tío. Has de estarlo.


El reflejo de las llamas parpadeaba en los ya naranjas y cristalizados ojos de la alfombra-tigre. Yacía ahí, dirección chimenea, y boquiabierta, como rugiendo al aburrimiento.

Jack estaba apalancado en uno de los dos hermosos butacones a cada lado del aburrido tigre. Llevaba un albornoz ahora. Otro. Este era azul, y le quedaba muy bien. Se arropó con una gran y suave manta marrón.

Un trueno repiqueteó en la distancia desperezando al actor, que se había perdido en sus pensamientos mientras observaba el fuego danzando. En ese momento George entró en la habitación, con una taza humeando en cada mano.

Jack se quedó observándole, sonriente, y muy incómodo, mientras George cruzaba todo el comedor.

Podría uno tardar como medio minuto en ir de una pared a otra de la enorme habitación. Era como cuando ves a alguien al otro lado del paso de peatones y tienes que esperar intranquilo a que el semáforo cambie para saludarle, aunque en esa situación Jack no tenía coches con los que hacer que se distraía con la mirada.

Finalmente, Clooney llegó, ofreció la taza a Jack, y se sentó.

– Sin azúcar, ¿verdad?

– No, gracias. – Jack sintió como sus manos iban entrando en calor. – Fantástico… – Se percató entonces de un hueco en la pared. – ¡Señor!

– ¿Sí?

– ¿Fox?

– ¿Zorro? ¡No! Lo reservo para un panda.

– ¿No es eso ilegal?

– Por dios, no. Son todos recuerdos de mis películas. Nunca han estado vivos. No soy un asesino, ni siquiera he interpretado a uno.

Ambos rieron. Una risa cortés, sabían que el comentario no tenía gracia.

Pronto (en su momento) la risa se disipó y Jack habló.

– Hablando se asesinatos…

– Sí. Me ha llegado – dijo George, muy serio.

Jack Black se destensó entonces.

– ¡¿Qué cojones, tío?! ¿Tienes idea de cuándo empezaron?

– He estado indagando. Dicen que empezaron hace unas semanas, en las noticias. Pero sé que empezaron mucho antes. – Pausa dramática. – ¿Recuerdas a la morena del primero?

Jack se detuvo un instante, los engranajes de su cerebro buscando en su memoria. Abrió los ojos de par en par.

– ¿La del pelito corto?

– Su cuerpo se encontró hace casi ocho años, presentando las mismas características. Nada de violencia. Nada de abusos sexuales. Tan sólo deshidratada.

La mandíbula de Jack quedó desencajada. George desvió la mirada, profundamente preocupado por el asunto. Algo vino entonces a la cabeza de Jack.

– ¿Lo saben el resto? ¿Sabes algo de Danny, John y los demás?

Clooney asintió.

– Sí. Él… O ella… tan sólo se lleva mujeres. Estamos a salvo.

– Por el momento – respondió Jack. Las lágrimas se adueñaron de sus ojos-. George… Melinda ha desaparecido.

Hubo un largo y silencioso pésame.

– Lo… lo siento, Jack – dijo George, entristecido-. Quién… ¿quién es Melinda? ¿Es ella tu…?

– Lo era, supongo. La conocí filmando el último anuncio en el que estuvimos tú y yo juntos. El de What more…? Alta, rubia, naricita respingona… Las noticias no han dicho nada aún, pero estoy seguro de que será el próximo cadáver en ser encontrado. Deshidratada, como los otros – se secó entonces las lágrimas que empapaban sus mejillas y se puso serio, de nuevo-. Pero, ¿sabes cuál es el verdadero problema?

– Tú dirás, yo ya estoy terriblemente asqueado del tema.

– Que todos estos asesinatos tan sólo aparecen en los medios locales, como un pie de página, y la gente pronto se olvida de ellos. Sólo los frikis de internet empiezan a conectar las pistas. El Asesino de la Nespresso es todo de lo que hablan. Por eso he venido hoy aquí. Para poner fin a esto… con tu ayuda.

Clooney se cachondeó.

– ¿Cómo? ¿Batman y el oso gordo del Kung Fu contra un asesino en serie? ¿Has perdido la cabeza?

– Para nada. Escucha atentamente y lo entenderás: ningún medio importante está hablando de ello. ¿Ves lo que quiero decir?

– ¿Qué la policía está cubriendo los asesinatos para que la peña no se vuelva paranoica?

– Puede… o puede que alguien quiera que las ventas no bajen.

George pareció captar la teoría de Jack. Como inerte, pidió ver cómo la idea –

– Prosigue.

Jack Black se puso en pie, dejando caer la manta, y comenzó a deambular alrededor de las butacas, una mano en su espalda y la otra sujetando la taza.

– Esto es lo que sabemos:

“Durante los últimos ochos años varias mujeres han sido asesinadas. Todas estas mujeres tenían algo en común. Todas eran actrices, para empezar, y cada una de ellas había aparecido en diferentes anuncios junto a uno de los mejores actores de Hollywood. Y contigo.

“Esto nos lleva a implacablemente deducir que un asesino en serie (o un asesino en anuncios) anda suelto. ¡Un hombre o mujer que rapta mujeres que han aparecido en uno o más anuncios de la Nespresso! – Jack se detuvo frente a la chimenea y miró a George.

– El Asesino de la Nespresso… que no sólo mata sino que deshidrata a las mujeres. Sin violencia. Sólo las seca. Pero, ¿por qué? ¿Por qué no a mí?

– Tengo respuestas para todas las preguntas conocidas (a las que no responderé ahora mismo, gracias…), ¡pero! La respuesta a dicha pregunta me elude, amigo mío.

Black sherlockeó, embriagado. Clooney suspiró.

– Muy bien. Qué hacemos, pues.

– Bueno… Creo que Nespresso está encubriendo los asesinatos.

– Espera, ¿crees que asesinaron a todas esas actrices?

– No, creo que están pagando una fortuna para que sus muertes no aparezcan en las noticias. Para proteger su imagen. Y la tuya.

El silencio se apoderó de la habitación. Jack y George intercambiaron miradas.

Al rato, George habló.

– Lo siento, Jack. De veras. Pero creo todo lo que dices son pamplinas.

Jack no se lo podía creer.

– ¡¿Qué?!

– Comprendo que lo de que Melisa se fuera haya sido duro, y que hay muchas conspiraciones en la red bastante creíbles con todo esto del Asesino de la Nespresso… Pero me da que tan sólo son coincidencias.

– No me lo puedo creer… – susurró el actor, su corazón roto.

– Eso es porque ahora mismo no estoy actuando. Y la verdad es más difícil de aceptar que la ficción. El pobre Richy Gere aún no se ha enterado de que la historia del chucho japonés está basada en hechos reales. Le partiría ese sensual y budista corazón que tiene.

Jack Black se quedó de pie, paralizado.

– Y qué hay de…

– No sabes nada de Melinda, Jack. Quizá esté por ahí haciendo cosas de Melinda y melindeando melindeadamente, esperando a que vuelvas a casa. Y si no es así, deja que la policía haga su trabajo. Ven.

George Clooney abrazó a Jack Black, quien claramente estaba a punto de romper a llorar.

– Cálmate. Sabes que puedes quedarte conmigo todo el tiempo que necesites, ¿verdad? De hecho, me encantaría que lo hicieras.

El cómico se liberó de los bazos de George y sonrió, agradecido.

– No sé, tío. Ahora estoy algo agitado, así que seguro que paso aquí la noche. Mañana… Creo que tienes razón. Iré a ver a la poli y les contaré mi teoría.

Clooney le devolvió la sonrisa a su amigo.

– Está bien.

Se agachó y devolvió a Jack la manta que yacía en el suelo.

– Por cierto, no he podido evitar sentir lo frío que estás. Anda, toma tu café. Te hará bien.

– Gracias George. Eres un buen amigo.

Tras cubrirse de nuevo con la manta, Jack tomó un sorbo.

– Hmmm… – Cerró los ojos, sonriendo. – Increíble… ¿qué es?

– Adivina. Prueba de nuevo.

Jack sorbió y saboreó a conciencia. Se podía hasta notar la lengua moviéndose en su boca. Entonces pareció percatarse, tragó y alzó una ceja.

– ¿Nespresso?

– No. Erraste.

– ¿Qué? – Jack olfateó la taza. – ¿En serio? ¡No me jodas, Georgey!

El Sr. Black tomó otro sorbo.

– ¿Nescafé? ¿Saimaza? ¿Costa?

– Mal, mal y mal. Prueba una vez más. Utiliza todos tus sentidos. Tu lengua, tus labios, tu nariz, tu… corazón.

Jack observó a su amigo, extrañado. Acercó entonces la taza a sus fosas nasales, aspirando intensamente la esencia del café que había en ella. Había algo familiar, ¿pero qué?

Sus ojazos marrones se abrieron y congelaron en un instante.

– Melinda…

What else…?

Usando un pequeño cuchillo que escondía en su manga, George apuñaló a Jack trece veces en el pecho, derramando su sangre por todas partes.


Varios apuñalamientos más tarde, George se detuvo, jadeando, y echó un vistazo al cadáver de Jack. Sus ojos sangrantes aún estaban fijos en él.

Qué lástima.

Dejó que el cuerpo de Jack cayera sobre el butacón. Entonces suspiró y se encaminó hacia la cocina, dejando tras de sí una huella rojiza con cada pisada.

Una vez allí, se acercó a una cafetera modificada de la cual surgían diferentes tubos cada uno con su propia etiqueta. Tomó un paño y se puso a limpiar el dispensador de café.

– Lo sé, Melinda, lo sé. En serio: confiaba en él, pero sabía demasiado. Además, no podía dejar que te poseyera sin drenar todas tus virtudes, ¿verdad? Nadie más que yo pudo apreciar tu aroma.

Cuando el grifo quedó suficientemente limpio, el actor se acercó a una estantería y cogió una tacita. La puso entonces en la cafetera y se detuvo a escoger entre la variada colección de sabores que había adquirido durante los años.

– Aun así, Melinda querida, creo que ahora prefiero pasar un ratito con Sarah – encendió entonces la máquina pulsando el botón junto a la etiqueta que leía “Sarah” y esperó a que se sirviera el café.

Una gota errante le hizo darse cuenta de que tenía sangre en el pelo. Se acercó a un espejo para darse cuenta de que estaba hecho un asco: casi todos los unicornios y arcoíris del albornoz de su mujer eran ahora rojos.

– Tenía él razón – sonrió Clooney-. Estoy georgdídamente guapo con este albor… ¿Georgdídamente? ¿George…?

George se dio cuenta del juego de palabras y rio a carcajada limpia.

Cuando el café acabó de servirse, el actor tomó la tacita, aun riendo.

– Ah, Jack… Pero qué hijo puta.

Sorbió.

FIN.


Esta es una obra de ficción. Cualquier nombre, personaje, ocupación, lugar, evento u/o incidentes son producto de la imaginación del autor o usados de manera ficticia. Cualquier similitud a persones reales, vives o muertas, o eventos reales son pura coincidencia.

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Aroma – a short story starring George Clooney & Jack Black

It was raining.

Not because of any chemical-environmental reactions, nor because the gods were angry, or the angels crying. But because it should be. It was necessary for a dramatic ambience to fill the night…

… that’s why Jack was driving through the wee hours, rain falling on the windshield of his black Lexus Hybrid. Blinding him. The actor swearing every time the freeway signal outdistanced wasn’t the one he expected it to be…

… that’s why, when realizing he should have turned a couple of exits ago, he stopped his vehicle, cursed, and drove his car back, this time racing again out of the highway…

… that’s why, once Jack realized he was arriving to his final destination, sped up, intentionally and awesomely breaking wide the golden fence-gates while a thunderbolt lit up the leviathan mansion in front of him…

… that’s why. That’s why it was raining.

Because of drama.

Jack Black – yes, the Jack Black, the actor – was feeling despair and a weird shitty-Shakespearean feeling he could not describe. It was a long trip from the entrance of the facility to the main doors of the luxurious mansion, and he was already building and apology for the possible peacock run over.

Three lightning and a spared peacock after trespassing the main labyrinth, Mr. Black reached the porch and stopped the car.

Goddaming the seat belt, Jack unfastened it and step out of the car and into the now stormy night.

“George!” he yelled. “Geooorge!”

Looking like a British young man who just desperately came rushing to the airport the last minute before his lover’s flight departures, Jack Black closed violently the car’s door.

“Geooorge!” he screamed, rage in his voice, to no one in particular. Now he waited for the rain pouring down from his soaked hair to his mouth, and spitted:

“PffrfgGEOOORGE!!!”

A window just a few meters up and next to the entrance of the big house lighted. A figure approached in the inside, pushed away the curtains and opened it wide.

George Clooney looked down into the thundering night, eyes trying to figure out who was screaming like a maniac at his doorstep.

“Jack?”

“’Evening, George!” responded Jack with a smile.

“What are you do- ? Why haven’t you rung the doorb- ? How the heck have you entered the facil- ? Is that one of my peacocks???”

“Yeah… Don’t know, man. Little bit stressed right know, don’t push too hard on me!”

“Jesus, Jack, what’s the matter?” said George, covering himself with his white and gold bathrobe and protecting himself from the cold.

“Something terrible may be about to happen to us, and I just came to warn you!” Jack seemed quite concerned, almost as much as when he was told School of Rock would not be nominated for Best Picture. That movie meant a lot to him.

George hold that thought.

“Alright, come in, quickly. It’s freezing and I’m getting wet”.

“That’s what she said”, told Jack to himself. Then he approached the door, waiting for George to open it.


The main hall was big enough for a couple of trucks to park, transform and roll out without colliding.

Two big oak doors at each side of the hall and a wide staircase with purple upholstered steps stood in front of Jack the moment he closed the main entrance behind him. Electric medieval-looking torches were lighting the room, while deviant art – sculptures and paintings – decorated every frame of the walls.

George Clooney came rushing downstairs, an electric old-looking candlelight – you know, the ones that are shown in the Harry Potter films, but running with batteries – in his left hand. He was wearing slippers and adjusting his bathrobe again. A different one. A pink one. With unicorns and rainbows all over it.

“You look georgeous in that bathrobe, George”.

“Thanks, it’s Amal’s. Mine got soaked a minute ago ‘cause someone made me lean out a window in the middle of a storm” said George, handling a towel to his fellow actor. “Anyway, what’s wrong, Jack?”

Jack Black dried his face by shaking it in the towel.

“Oh man, so soft! What do you clean this with? Baby-ass fabric conditioner?” When finished with the face, the armpits went next. “Is this sweat or rain water? I really can’t tell them apart.”

George answered with a patient smile.

“So?”

“Whu-? Oh!” Sniff! “Sweat it is.”

“No! I mean why you are here?”

“Oh.”

Jack went gloomy for a moment. Sadness took over his smile and George realized that hiding behind that clown attitude there really was something really, really bad happening. He tried to keep that realization in mind when Jack Black covered his long wet hair using the towel as a turban.

“Maybe we need to sit down. Do you have anywhere warmer in the house?”

“Yeah. Yeah, sure. There’s a fireplace in the living room. Let’s go there, I’ll make you something hot- a hot beverage.” George aimed his friend to follow him.

“Cool” nodded Jack, aimlessly. “I’m sure there’s going to be a tiger carpet with its mouth open near that fireplace…”

“Maybe what I’ve is got a goat carpet I stared at!” giggled Clooney. When he saw no reaction, he saddened too. “Oh, Jack, what’s wrong? Your puns and jokes are really low and reference-less. I am really worried.”

“Well you should, man. You should”.


Flames’ reflection flickered in the crystalized already-orange eyes of the tiger carpet. It was laying there, aiming at the fireplace, its mouth open, as if roaring to boringness.

Jack was comfortably seating in one of the two beautiful armchairs each side of the resting tiger. He was wearing another bathrobe, a blue one, fitting him perfectly. He covered himself with a big brown blanket.

Thunder stroke in the outside awakening the actor, who was lost in thought while watching the fire dancing. In that moment, George entered the room, a steaming mug in each hand.

Jack watched him smiling, awkwardly, as George crossed the whole dining room.

Maybe you could spend thirty seconds going from a wall to another in that giant room. It was like spotting someone at the other side of the zebra crossing and having to wait uneasily for the light to change in order to salute, although this time there were no cars to idly gaze upon.

Finally, Clooney arrived, gave Jack the hot mug, and sat down.

“You won’t have sugar, won’t you?”

“No, thank you.” Jack felt her hands go warmer. “Fantastic…” Then he spotted a missing place in the wall. “Mister!”

“Yeah?”

“Fox?”

“Hmmm? Oh. That’s reserved for a panda.”

“Isn’t that illegal?”

“God, no – they are all props, from my movies. They were never alive. I’m not a murderer- not even played one!”

Both actors laughed. It was a courtesy laugh, it was not that amusing.

Soon – when it had to – the laughter banished and Jack spoke.

“Speaking of murder…”

“Yeah. I’ve heard of it”, said George, dead serious now.

Jack Black felt certain relief.

“What the fuck man? Did you even know when they started?”

“I’ve been researching. They say they started a couple of weeks ago, the news say so- but I know they started even before that.” He stopped, dramatically. “Do you recall the brunette woman from the first one?”

Jack paused, his brain engines trying to remember. Then his eyes widened.

“The one with the short hair?”

“Her body was found nearly eight years ago, and it presented the same characteristics. No violence. No sexual abuse. Just dehydrated.”

Jack Black’s jaw dropped. George turned his look away, deeply concerned about the matter. Then something else came to Jack’s mind.

“Do the other ones know? Do you know anything about Danny, John, and the rest?”

Clooney nodded.

“Yeah. He… or she… only takes women. We are safe.”

“For the moment” snapped back Jack. His eyes watered. “George… Melinda is gone.”

There was a long, mourning silence.

“I- I’m sorry, Jack”, said George, saddened. Then he bit his lip. “Who… who’s Melinda? Is she your…”

“She was, I guess. I met here while filming the last spot we were together in. The What more…? one. Tall, blonde, merry little nose… The news haven’t said anything yet, but I’m damn sure she’ll be the next corpse to be found. Dehydrated, like the others.

“But you know what’s the real problem here?” he wiped out the tears from his cheeks and became serious again.

“You tell me, I’m sickly horrified already.”

“That these killings- they shall only appear in little media, and people will soon forget about them. Only the nerds on the Internet are connecting the clues. The Nespresso Killer is what they all talk about. That’s why I’ve come here tonight: to make an end of it… with your help.”

Clooney laughed.

“What? The Batman and the Kung Fu Fat Bear against a serial killer? Are you out of your mind?”

“Not at all. Listen carefully and you’ll understand: no big media is involved. Do you understand what I mean?”

“That the police is maybe covering the killings for people not to freak out?”

“Maybe… or maybe because someone wants to keep their sales as they are.”

George seemed to understand Jack’s theory. Motionless, he asked him to-

“Go on.”

Jack Black stood up, the blanket falling to the ground, and started to walk around the armchairs, a hand behind his back, the other holding the mug.

“This is what we know:

“Through the last eight years, several women have been assassinated. All these women had some things in common. They were all actresses, for instance, and every one of them have been appearing in several commercials alongside one the most successful actors in Hollywood. And you.

“These tends to, and I say, correctly suppose that a Serial Killer – or in this case an Ads Killer – is on the loose. A man or woman who is kidnapping women who have made appearances in one or more Nespresso commercials!” Jack stopped by the fire and looked at George.

“The Nespresso Killer… who is not just killing but dehydrating women. No violence. Just… draining them. But why? Why not me?”

“I’ve got answers for every question in existence which-you-may-not-ask-now-thank-you… But! That one, my friend, eludes me.”

Black sherlocked. Clooney sighed.

“OK. What’s the deal, then?”

“Well – I think that Nespresso is covering the killings.”

“Wait, you mean they murdered all those actresses?”

“No, I mean that they are paying a fortune for their deaths not being an issue in the news. To protect their image. And yours.”

Silence took over the room. Jack and George exchanged gazes.

After a while, George spoke his mind.

“I’m sorry Jack, I really am: but I think you are just crazy talking.”

Jack couldn’t believe the actor.

“What!?”

“I’m sure Melisa walking away has been pretty harsh, and that there are a lot of crazy Internet connections about this serial Nespresso killer- but I really think they are just coincidences.”

“I can’t believe what you are saying…” whispered the actor, heartbroken.

“That’s because, right now, I’m not acting. And truth is harder to swallow than drama. Poor “R” Gere doesn’t even know that the story of that Japanese dog was based upon a real story yet. That would break his handsome, Buddhist heart.”

Jack Black stood there, paralyzed.

“What about-“

“You know nothing about Melinda, Jack. Maybe she’s just out there doing Melinda stuff, and melinding melindingly, waiting for you when you get home. And if she’s not, let the police make his job.

“Here.” George Clooney hugged Jack Black, who was clearly about sob. “Calm down… You know, you can stay here for as long as you may need to, right? In fact, I would be so glad for you to stay with me.”

The comedian freed himself from George’s arms and smiled, gratefully.

“Don’t know man. I’m a bit shaken right now, so I’ll stay tonight for sure. Tomorrow… I think you are right, dude. I’ll go fetch da cops and tell them my theory.”

Clooney smiled back his friend. “Ok, then”, and fetched Jack the blanket laying on the ground. “By the way, I felt you are still quite cold. Here. Have some coffee too. It will make you good.”

“Thanks, George. You are a good friend.”

After covering himself with the blanket again, Jack sipped.

“Hmmm…” He closed his eyes, smiling. “Amazing… What is it?”

“Guess. Try again.”

Jack sipped and consciously savored it. You could almost feel his tongue moving inside his mouth. He then seemed to realize, swallowed and raised an eyebrow. “Nespresso?”

“No. Wrong.”

“What?” Jack sniffed the mug. “Really? Don’t fuck with me, Georgey!”

Mr. Black sipped one more time.

“Nescafé…? Bloomsbury’s? Costa?”

“Wrong, wrong and wrong. Try again. This time use all your senses. Your tongue, your lips, your nose, your… heart…”

Jack looked at his friend, puzzled. Then he approached the mug to his nose, thoroughly smelly the scent of the coffee inside it. There was something familiar in it, but what?

His deep brown eyes opened and froze.

“Melinda…?”

What else…?”

Using a little knife he was hiding in his sleeve, George stabbed Jack thirteen times in the chest, spilling blood all over his body.


Some stabs later, George stopped, heavily gasping, and had a look at Jack’s corpse. The eyes were full of blood and still looking at him.

Such a pity.

He let Jack’s corpse fall on the armchair. Then he sighed and walked away towards the kitchen, each step leaving a track of blood.

In there he approached to a modified coffee machine with several pipes and etiquettes. He then took a wet rag and started cleaning the coffee dispenser.

“I know, Melinda, I know. I really trusted him but- he just knew too much. Besides, I couldn’t let him have you without draining all your virtues, huh? No-one but I could appreciate your aroma.”

When the tap was clean enough, the actor approached a cupboard and got a little cup. Then he put it on the coffee machine and looked closely to the varied flavor selection he had acquired through the years.

“Nevertheless, Melinda my dear, I think I’ll spend a moment or two with Sarah now.” He then started the machine by clicking the button near the “Sarah” label and waited for the coffee to be served.

A misplaced drop made him realize he had blood on his hair. He then looked for a mirror and realized he was a mess: most of the unicorns and rainbows of his wife’s bathrobe were now red.

“He was right,” Clooney smiled. “It was a georgeous bathro- Georgeous? Gorgeo-?”

George noticed the pun and started to laugh.

When the coffee was served, the actor came to get it, still laughing.

“Oh Jack… You son of a bitch.”

He sipped.

THE END.


This is a work of fiction. Names, characters, businesses, places, events and incidents are either the products of the author’s imagination or used in a fictitious manner. Any resemblance to actual persons, living or dead, or actual events is purely coincidental.

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De guiones terminados y Errejaldes va la cosa – Camino a Sitges. Toma 02

He aquí la segunda entrada de este diario de producción.

Y ha pasado bastante desde la primero, ¡quién iba a decir que el proceso de llevar algo al Festival de cine sería tan tedioso! Y no tedioso porque amargue, tedioso porque no deja amargar.

Veréis, desde la última entrada en la que relaté cómo VisionFES decidió centrarse en la producción de cortometrajes, han pasado muchas cosas: se ha acabado de escribir el guión, cambiado la fecha de estreno, detallado la producción… y de mientras se han desarrollado un par de cortometrajes o tres de forma intermedia y acabado de filmar un spot para cines y redes.

Vamos por partes.

En primer lugar, el PROYECTO BRUXAS ya está guionizado y bautizado. Su título KHAERAWÜD, que en una lengua distante y arcana, Gaezani’tan (La lengua del llano) significa El bosque oscuro. The Dark Forest, en inglés. Que queda más cool.

Los diálogos del guión están siendo desarrollados en Gaezani’tan y Khani’tan, las dos lenguas habladas en el reino. Lo creáis o no, desarrollar la fonética, gramática y vocabulario de una lengua es mucho más divertido. Mi trinchera, por eso, es mi habitación, despacho y cafetería particular.

Durante la primera fase del proyecto, como siempre de mano de, y al lado de todos mis compañeros y equipo, me acompañará codo con codo la ilustradora Aisha Ullah (aquí podéis ver su blog). Nos encargaremos de relatar un prólogo que funcionará como Teaser Trailer del proyecto para más adelante encontrar financiación. Ahora, buscamos estrenarlo en Sitges 2017.

Como explicaba, se ha desarrollado un presupuesto inicial para el cortometraje que excede las expectativas. Conscientes de que no podremos filmarlo en tiempo (el dinero no crece en los árboles, se ve), dedicaremos los próximos meses a rodar pequeños cortometrajes – algunos infinítamente más chulos que otros. Todos geniales al final.

De mientras, esta semana terminé un rodaje largamente postpuesto:

El spot para la ONG STOP Accidentes llega a su fin con el rodaje de las últimas escenas con la colaboración del galardonado actor vitoriano Karra Elejalde (Ocho apellidos vascos, Tambén la lluvia… para mí siempre será Mortadelo).

Fue un rodaje muy breve, y se comportó de manera muy profesional teniendo en cuenta que no andaba muy bien de salud. Nos reímos, me alagó, comparó mi estatura con la de Clara Lago (eres una claralaguita, me dijo) y se marchó deseándonos a todos lo mejor a su manera.

El spot se podrá ver pronto en los Cinesa a nivel nacional – aquí la ficha del corto en nuestra web. Es un gran paso para mí, profesionalmente… y he de decir que hacía tiempo que no me sentía tan bien de manera personal.

Un saludo, prometo no tardar tanto en escribir la próxima vez.

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