Un género sin certezas

Lo que sigue es un recopilatorio de mis conclusiones y reflexiones acerca del fantástico, parte de diferentes ensayos sobre las claves del género y la ficción contemporánea. Material original escrito alrededor de 2018.


“Lo fantástico explora el espacio de lo interior; tiene mucho que ver con la imaginación, la angustia de vivir y la esperanza de salvación.”

De todas aquellas definiciones que se presentan de lo fantástico, incluida la caracterización a tres puntos que nos ofrece Tzvetan Todorov, es la que encontramos en las páginas 148-149 de La littérature fantastique de Marcel Schneider la que más me ha llamado la atención, aquella que más se acerca a todo lo que suscita en mí el fantástico. Es curiosamente también la que, según el autor, cae en el saco de las que merecen menos atención.

Por lo que entiendo de Todorov – y que alguien me corrija si erro en ello – este “intento” de definición de Schneider no funciona al situar el criterio de lo fantástico en el propio autor del relato. No obstante, evoca en mí todo aquello que siempre he sentido al disfrutar del género fantástico. Sobre todo si nos centramos en a lo que “la esperanza de la salvación” se refiere.

Y diréis, ¿acaso no todas las historias que sigan las desventuras de un personaje principal – o sigan a un protagonista a través de un evento capital – tienen como mensaje intrínseco la búsqueda de la esperanza? ¿No es esa la base del monomito, destilada como se encuentre, y sea el género que sea? Ciertamente la esperanza como emoción o pensamiento puede sonar algo cliché, pero os animo a analizarla en base a todo aquello que cita Todorov a la hora de definir su fantástico:

Hablamos de esperanza a conocer en el desconcierto; a conseguir no sólo evadirnos de la realidad sino a huir completamente de ella – o a encontrar un modo de dejarla de lado una vez acabada la aventura pertinente –; o a que la ambigüedad que rodee el misterio de lo fantástico torne y se revele como fantasía pura y dura (o realidad si hablamos de hechos de pesadilla).

Si extrapolamos la definición de Schneider a aquello que el lector/espectador busca, siente y/o encuentra, ¿no tiene así más sentido su definición? Es cierto que el autor, que es artista y es autor, mirará siempre de poner parte de sí y construir la narrativa fantástica en base a aquello que le defina – pero si carece de receptor que comparta su imaginación, angustia y esperanza (y así la del protagonista), esa historia no existe.

Esta reflexión nace, en parte, de uno de los comentarios del compañero Jofre Urgelés: “no hay ninguna sensación más satisfactoria que identificarse con el personaje, pero creo que también es muy potente saber más que él y estar en completo desacuerdo con sus acciones, sufrir por él.”

¡No recuerdo haber disfrutado más de cualquier género que cuando el personaje se debate entre sus acciones, decisiones y moralidad! Ese ansia de esperanza se hace mucho más fuerte en el fantástico, ya que son elementos sobrenaturales y por encima de la mano del mortal los que se han de vencer.

Siempre la esperanza, extrapolable a cada una de las concepciones, variables y componentes del fantástico es lo que, personalmente, suscita en mí.

Toda mi vida he creído que el fantástico es la narrativa-ficción más objetiva a la hora de definir todo aquello que rodea a la sociedad del autor y los lectores/espectadores en cada momento de la historia. Esta realidad, a grandes rasgos, trata una gran mayoría de temas y preocupaciones atemporales, lo que consigue que estas historias se mantengan en el tiempo y muy difícilmente pierdan su fuerza característica para las generaciones venideras. It’s a Wonderful Life (Frank Capra, 1946) se mantendrá tan viva en el tiempo y en el género como lo hacen ahora las obras de Satoshi Kon o Edgar Wright.

Los valores que transmiten el fantástico de aventuras y acción o el fantástico familiar han sido imperantes a la hora de formarme como persona, a la hora de crecer (subgénero, el fantástico familiar, que cuesta encontrar hoy, ¿alguna recomendación?). Y desde mi adolescencia hasta hoy siguen estando aquí, como decía la compañera Laura Garriga, dando “sentido a algo que no lo tiene”. Llevando siempre aquello mostrado en la ficción a la realidad, aplicándolo en el día a día.

Es por ello que cuando consumo narrativa, sobre todo aquella más oscura y que trata en lo fantástico claros reflejos de la actualidad social y cotidiana, recuerdo la cita de Neil Gaiman: “los cuentos de hadas son más que ciertos: no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos aseguran de que los dragones pueden vencerse”. Un recordatorio constante del impacto que ha de tener la ficción fantástica en la razón colectiva, más allá de las páginas y la pantalla de plata.

En cuanto a los elementos que definen el género, todos los compañeros han citado de forma fantástica y yo los he utilizado en la ejemplificación de cómo adaptar la esperanza de Schneider a la definición de Todorov. Me gustaría, sin embargo, hacer mención a ese cuarto elemento que ha citado otro compañero, Alejandro Ripoll: la figura del tutor sobrenatural como encontramos en el periplo del héroe.

Creo que es primordial que exista un elemento de sujeción a la realidad que a la vez sea introductor al elemento fantástico de la narrativa para ambos el lector/espectador y protagonista de la historia. Este personaje me resulta extremadamente útil (aunque no sea más que eso, un elemento útil del que disponer o no a conciencia) para poder manipular al lector/espectador para bien o para mal. ¿Necesitamos que el personaje mantenga un pie en el mundo real? Podemos hacer que este tutor le barra el paso con recordatorios del estilo Vernon Dursley: “¡La magia no existe!”. ¿Es necesario que el personaje entre de lleno en el mundo fantástico para así dar rienda suelta/más importancia a otros elementos de la trama? El tutor puede ahora da un empujón: “Eres un mago, Harry.”

Mención al mundo del videojuego, algo que durante los últimos años me ha llamado mucho la atención, aunque no haya formado parte de él: la narrativa fantástica en el cine interactivo-inmersivo (que en las plataformas de última generación encontramos muy de vez en cuando, a veces incluso con estrellas y directores de Hollywood) es muy capaz de suscitar emociones y vivir experiencias en el fantástico, si no diferentes, innovadas dentro del género. Me parecería muy interesante analizar en un futuro qué de aquellos elementos del fantástico que Tzvetan Todorov necesitaba para definir lo fantástico se encuentran en ellos y cuáles aparecen de cero o se reinventan para captar al espectador.

El autor y la historia fantástica, en definitiva, los podría definir como George Bailey gritándome: “What is it you want, Mary? What do you want? You want the moon? Just say the word, and I’ll throw a lasso around it and pull it down.”

BRC – Camino Sitges. Toma 07

Mañana, jueves 10 de octubre, formaré parte de la 5ª Blood Red Carpet de la 52ª Edición del Sitges International Fantastic Film Festival de Cataluña.

Acompañado de mis compañeras de alfombra, las actrices Claudia Trujillo y Mireia Oriol, los actores David Solans y Pol Monen, el director Rudy Riveron, y nuestra madrina la galardonada Goya Toledo, seremos presentados ante los profesionales de la industria y medios de comunicación internacionales durante el certamen.

No puedo estar más agradecido y emocionado.

Hace cinco años pisé el Festival por primera vez, y hace cuatro prometí en este mismo blog que un día estrenaría allí. En 2017 me acredité como estudiante del Máster de cine fantástico y ficción contemporánea, volviendo en 2018 como becario a través de los mismos estudios. Ese mismo año, en la 51ª edición, soñé con estrenar mi cortometraje Villa Offline. Pero no pudo ser.

A cambio, ocurrió algo mejor: me formé como profesional y aprendí, viendo cine y escuchando a directores, productores, guionistas y actores hablar en ruedas de prensa; conocí el verdadero funcionamiento de la distribución cinematográfica y la puesta en circuito por festivales; y pude ver de primera mano cómo se trabaja un dossier y se vende un largometraje.

Conocí a actores y directores, y cineastas de diferentes índoles, algunos de los que ya habréis oído hablar y muchos otros de los que espero que tengáis noticias bien pronto (y las tendréis, creedme). Conocí a muchas, muchas, nuevas amigas y encontré una nueva familia en Sitges, familia que durante doce meses se ha mantenido en contacto conmigo y que un año después me recibe con sonrisas y (a)brazos abiertos.

No estrené y me llevé el primer premio.

Durante todo un año creí que mi lugar en Sitges estaba en su organización, formando parte de este Festival, divulgando cine, arte, cultura. Pero, como comenté el año pasado, tengo entre manos un proyecto, aquel al que llamaba Nasus, ahora titulado El castillo al final del camino.

Tras tres años trabajando el guión, desarrollando el proyecto como trabajo final del Máster (recién acabado), y presentando el teaser a partir de este mes a productoras y equipo interesado, el proyecto comienza a marchar. Tanto el equipo como yo estamos emocionadísimos.

Es cierto, pues, que las historias te hacen viajar. La siguiente parada es mañana, Sitges. ¿A dónde más nos llevará?

Age si quid agis.

Sergi

P.S. Gracias, Alex, por la foto. Aclam siempre está ahí cuando lo necesito.

 

Dos pies dentro, la cabeza en las nubes – Camino Sitges. Toma 06

Estoy en Sitges, pero no como esperaba.

Desde noviembre de 2015 he compartido en este blog mi camino al Festival de Sitges, mi sueño de estrenar en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Catalunya. Al principio, la idea era presentar un largometraje que se transformó en corto. Después, ese corto que iba a ser se convirtió en otro, y al final el otro se filmó y no dio tiempo a enviarlo. Y ahora estoy en Festival de Sitges, pero no como esperaba.

El año pasado pisé por segunda vez el festival (la primera vez fue para asistir al estreno de Megamuerte (J. Oskura Nájera, 2014), en la que aparecían mis queridos Jordi Armengol y Álex Oliveres), y pude comprobar que allí era donde quería estar. Era alumno del Máster de Cine Fantástico cuyo equipo docente formaba parte de la organización del evento, y saboreé el privilegio todo lo que mis horarios profesionales me permitieron.

Me encontraba en medio de la pos-producción de Villa Offline, de la cual aún os debo entrada, pieza que se rodó con intención de estrenar en el festival el pasado año pero que no llegó a tiempo (ni de lejos).  Gracias a asistir a la quincuagésima edición del Sitges IFFFC y estudiar el máster, Villa Offline ha podido editarse y re-editarse, pasando por pases privados y decenas de visualizaciones, mejorando en cada versión. He aprendido mucho este año, me alegro de que el el corto no se enviara entonces, y teniendo en cuenta que la única dirección post-estudios cinematográficos ha sido durante el re-montaje (a lo George Lucas), no ha quedado del todo mal.

Podría ser mejor. Mucho. Pero, eh, nos lo acaban de premiar en Los Angeles. Algo habremos hecho bien.

Tenéis que entender varias cosas, que me son difíciles expresar pero que son fundamentales. Siempre he querido hacer cine. Lo he estudiado durante toda mi vida por mi cuenta, pero esta es la primera vez que puedo estudiar de forma oficial. Lo estoy estudiando en el máster que imparte el festival al que siempre he querido asisitir como director. Por complicaciones personales, el cine se ha convertido en mi único medio y modo de poder expresarme, socializar y avanzar personalmente día a día. Y ahora, de repente, me encuentro en un extraño impasse emocional.

En mayo el corto estaba listo para ser enviado a la 51ª Edición del Festival de Sitges. Y se envió.

En junio me propusieron hacer las prácticas del máster en la  51ª Edición del Festival de Sitges. Y acepté.

A poco menos de dos meses del festival al que siempre he querido llegar, me encuentro dentro de él, ayudando a organizarlo, trabajando codo con codo con personas a las que he admirado durante años. Estoy viviendo el festival desde un ángulo que jamás creí que sería posible, y no os podéis ni imaginar las maravillas que he podido observar de cerca.

“Maravillas” para un necio, supongo. Pero maravillas para mí al fin y al cabo.

No quiero, por prudencia profesional, detallar nada de lo que ocurre en las pequeñas oficinas en las que se trabaja para organizar el festival fantástico, pero sabed que es una labor titánica, de meses y docenas de increíbles personas que trabajan con ahinco y un cariño al cine descomunal. Tengo muchas ganas de vivir esta edición que he ayudado a contruir. Pero también trabajo tenso. Tenso, tenso.

Villa Offline está en la parrilla de cortometraje enviados para participar. Y creedme, compite con trabajos más que exquisitos. La tensión de no saber si el corto ha sido escogido estando dentro del festival me causa pesadillas. Literalmente. ¡Qué locura!

Pronto sabremos cómo acaba este pequeño momento de tensión. Sea como sea, el festival ya me ha seleccionado a mí para formar parte de él. Y eso es algo que ningún palmarés podrá superar, ni aunque el mismísimo César me entregara esos laureles.

Por otro lado, el largometraje al que llamamos Nasus [working title] sigue en desarrollo. Lleva unas sesenta páginas de guion y tiene a mucha gente emocionada detrás.

Estoy metido en otros proyectos, pero la verdad es que llevar a Villa Offline por Festivales y el trabajo en el 51º Sitges IFFFC me llevan bastante justo de tiempo (además de empezar ahora un nuevo curso en la escuela Covent Garden – ¡cuarto año ya! -).

No os podéis ni imaginar el lío que tengo en la cabeza con todo esto. ¿Voy muy rápido? ¿Van muy rápidas las cosas? ¿Estoy dando los pasos correctos, tomando las decisiones precisas? Un colega del festival a quien he cogido un gran cariño, una década mayor que yo, me confesaba el otro día lo que hubiera dado por ser yo, ya que he llegado muy rápido donde él querría haber estado a mi edad. Son esa clase de comentarios los que me sacan por las mañanas de la cama con una sonrisa de esperanza y que, a la vez, al cabo de las horas, me hacen pensar si no me estrellaré más rápido al seguir así.

Quizá lo mejor es que no seleccionen aún el cortometraje. Quizá lo mejor es enviar a Festivales sin pretensiones, aunque se rodara para este en específico, y dejar el proyecto fluir. Centrarme a vivir el festival. A acabar de estudiar el máster. A dar clases y escribir.

Quizá.

“Quién sabe señor Frodo. Quién sabe.”

Ya os contaré.

Ama et quid vis fac.

 

 

Nueva autoría en el género. Gareth Edwards

Lo que sigue es un análisis de Gareth Edwards como nuevo autor en el género fantástico. Hasta donde me alcanza el conocimiento, esta es (o fue en su momento, finales de 2017) la primera vez que se analiza la obra del autor a través del género y de forma cinematográfica.

El trabajo debía ser de una extensión específica y tuvo que se acotado. No obstante, me encantaría algún día poder añadir toda la información que dejé de lado, además del procedimiento de análisis y no sólo las conclusiones, y trabajar con material gráfico. También me habría gustado dedicar páginas a cada una de sus películas, incluido su cortometraje Factory Farm, que podéis encontrar en YouTube.

Tampoco estaría mal traducirlo al inglés.

En todo caso, aquí tenéis esta pequeña pieza para catar.

La Estrella de la Muerte sobre Jeddha en ‘Rogue One’. D.O.P. Greg Fraisier.


Británico de padres galeses, Gareth James Edwards (Nuneaton, 1975) decide – como muchos otros cineastas del momento – que se dedicará a utilizar el séptimo arte para contar historias tras quedar maravillado por el Star Wars de George Lucas (1977).

Creció bajo influencias tales como las de Francis Ford Coppola o Quentin Tarantino, de quienes heredaría la importancia del detalle a la hora de dotar de credibilidad a personajes histriónicos y situaciones imposibles; pero su mayor influyente es el imaginario de Steven Spielberg, el análisis de cuyo lenguaje cinematográfico se convirtió en la base de todo aquello en lo que Edwards querría convertirse. No obstante, la falta de medios en Monsters (2010), su ambicioso primer largometraje, le obligó a desarrollar aquellas características que, no sólo acabarían definiendo sus rasgos como director, sino que llamarían la atención de Disney/Lucasfilm antes incluso de haber estrenado Godzilla (2014), su primera súper producción.

Tras veinte años de práctica en televisión, y con tan sólo un cortometraje y dos largometrajes a sus espaldas, Gareth Edwards acabó en boca de todos tras firmar Rogue One: A Star Wars Story (2016). “Big, bigger, bigger-er.”

Podríamos resumir brevemente las características que definen al director británico en tres grandes apartados:

Organic realism

O “realismo orgánico” en castellano. Este concepto acuñado por el mismo cineasta nace inesperadamente de la concepción y más tarde éxito de Monsters y se define por la “sensación de inmersión natural” que Edwards intenta conseguir en el espectador de sus historias. Surge de la necesidad de haber rodado un largometraje con más de 250 tiros de efectos visuales digitales (VFX) con un equipo de seis personas: dos actores, sonido, edición, producción y él mismo como director, guionista y cinematógrafo. La intimidad de la producción (la química y cercanía a los entornos se refleja en el metraje final), la falta de medios (“cine de guerrilla”: como si se tratara de un documental) y la calidad del resultado (fruto de los años de práctica como artista VFX en televisión) acabaron creando la experiencia monster movie perfecta para un público que hasta entonces lo más parecido que había visto había sido Cloverfield (2008) de J.J. Abrams.

 

Edwards como D.O.P. y director en su ‘peli de guerrilla’ ‘Monsters’.

Este organic realism destaca por tener personajes cercanos al espectador con los cuales sea fácil empatizar (sea por su situación y/o objetivos sociales y/o personales que pongan en común) y, por lo tanto, se conviertan en un acercamiento verosímil, una ventana cristalina a los eventos fantásticos a los que se enfrentan; y por crear un universo en la ficción lleno de detalles que dan sentido y credibilidad a todo aquello que ocurre en él: “embed as much reality [in the fantastic] as posible.” – ( Incrustar tanta realidad [en el fantástico] como sea posible. – Originalmente nota al pie).

Jason McGatlin, productor ejecutivo en Lucasfilm desde 2015, asegura precisamente que aquello que atrajo la atención de Edwards para dirigir Star Wars no fue su capacidad para llevar una producción como Godzilla, sino la de hacer “películas de monstruos sobre personas”.

Como Lucas pretendió con su American Graffitti (1973) y no consiguió con su Guerra de las galaxias, Gareth Edwards intenta plasmar ese efecto documental, esa sensación de “cine de guerrilla” en las grandes producciones como Godzilla y Rogue One: es importante aquello que se y ocurre, pero más cómo lo siente y vive el personaje al pie del cañón.

Ejemplo de cine de guerrilla en blockbuster en una escena del tráiler de ‘Rogue One’ que no llegó al montaje final. D.O.P. Greg Fraisier.

Concept boarding

Muchos directores planifican en base a la acción, Gareth Edwards planifica la acción en base a la composición. Los eventos que acontecen y lo que el personaje siente han de ser mostrados claramente al espectador, y Edwards planifica las escenas en base a diferentes planos, diversos fotogramas durante cada escena meticulosamente diseñados para que puedan resumir el qué, el quién y el cómo aprovechando todos los recursos del medio audiovisual.
Así el arte, la composición y la fotografía ganan una fuerza inusual en el cine de monstruos, aventura y ciencia-ficción. Un lenguaje audiovisual que se acerca a sus influencias originales como Spielberg e Irvin Keshner.

Esta puede ser la característica imperante de su opera prima Factory Farmed (2008), que le abrió las puertas al mundo del largometraje, y cuya fotografía es magnífica aun habiendo sido producido en tan sólo 48 horas. A falta de medios, Edwards juega con la luz, los paisajes abandonados de la Inglaterra de principios de siglo XX, e indumentarias básicas para crear una bellísima estética futurista.

Fue de hecho por su composición y fuerza estética, y el lenguaje utilizado en la escena del salto H.A.L.O. en Godzilla que gran parte del guion de la película se escribiría en torno a ella. Doug Chiang, co-production designer de Rogue One explica que Edwards insisitió mucho en trabajar con los artistas conceptuales de la película. Tal fue su influencia que, a partir de las ideas de Edwards trabajadas por su equipo nacieron no sólo conceptos que acabarían siendo planos representativos de la película, sino conceptos que definirían la trama de la misma: ocurre lo siguiente en la trama porque lo queremos ver.

Arte conceptual para el ‘H.A.L.O. Jump’ de ‘Godzilla’ por Matt Allsopp.

Fotograma final del ‘H.A.L.O. Jump’ en ‘Godzilla’. D.O.P. Seamus McGarvey.

 

 

 

 

 

 

Esta idea del director definiendo el film en base a la composición visual-narrativa del mismo, mucho antes del guion y por encima del story board, es lo que se conoce como concept boarding. Según el artista Matt Alsopp, que trabajó con el director británico en sus dos grandes súper producciones, este proceso también ha nacido de él.

Reflecting on “the fear of the time”

My generation didn’t grow up with World War II or Vietnam or the JFK assassination. The images that are seared into our brains and are part of the nightmares are the things like the tsunamis and Katrina. Sci-fi and fantasy have always reflected the fear of the time. – (Mi generación no creció con la 2ª Guerra Mundial o Vietnam o el asesinato de JFK. Las imágenes que han cauterizado en nuestra memoria y se han convertido en parte de nuestras pesadillas son cosas como los tsunamis y Katrina. La ciencia-ficción y la fantasía siempre han reflejado los miedos de cada época. – Originalmente nota al pie).

 

Allen Leech en ‘Factory Farmed’. D.O.P. Gareth Edwards.

Esta cita de Edwards refleja contundentemente lo que Kovacsics (2017) reflexiona en su artículo: y es que la estética va claramente acompañada de un poso político más que evi-dente en sus cuatro obras de ficción. En todas, una sociedad industrializada y corrupta por el control y el poder crea, directa o indirectamente, una amenaza para la sociedad: unos soldados clon conscientes de su desgracia; unos alienígenas nacidos de la búsqueda de la erradicación de las enfermedades en la Tierra; monstruos nacidos de la radiación; y una Estrella de la Muerte que controla a través del terror tecnológico.

La naturaleza y el equilibrio natural como víctimas (y en el caso de Godzilla como salva-ción) de y a todos estos males es también un motive referente. La destrucción de ecosis-temas (y sistemas) por parte de gobiernos controladores y militarizados, así como la falta
de entendimiento de aquello a lo que se enfrentan, se mimetiza en los tres largos del director. En todos ellos aparece siempre, por otro lado, y en medio del caos, un personaje o grupo de mismos que presentan un rayo de esperanza frente a un futuro (y presentes) apocalípticos.
En tres de las cuatro historias, por cierto, los héroes no consiguen más que cumplir sus objetivos sin llegar a vencer más que las adversidades expedidas por el “enemigo”, pero no al “enemigo” en sí. En la restante, los antagonistas son vencidos por un Deus Ext Lacartus.

El acercamiento a los personajes y sus arcos narrativos/viajes emocionales ligados con el viaje físico en sí, la importancia del tesoro por encima del viaje (Jasón del revés), y la creación de mundos ficticios que se asemejen al real, son otras tres características del director que podrían discutirse más adelante, junto a un análisis más exhaustivo de las mencionadas anteriormente.


Bibliografía consultada

Balló, J., Pérez, X. (1997) La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine. Barcelona, Anagrama
Casau, G. (2017) Nuevas autores del género fantástico. Recurso didáctico, FUOC·PID_00246686
Kovacsics, V. (2017) Tendencias del cine fantástico contemporáneo. Recurso didáctico, FUOC·PID_00246684
Kushins, J. (2016) The Art of Rogue One: A Star Wars Story. New York, Abrams
Latorre, J.M. (1987) El cine fantástico, Fragmentos. “Prólogo”, Cap. 1 “Del expresionismo a Lon Chaney”, Cap. 24 “El fantastique emprende nuevos caminos”. Barcelona: Fabregat.
Lucas (de), G. (2001) Vida secreta de las sombras: imágenes del fantástico, Fragmento. Cap. 1 “La luz no usada”
Sánchez-Navarro, J. (XXXX) Guía de lectura: Los géneros cinematográficos de Rick Altman. Recurso didáctico, FUOC·PID_00246688
Todorov, T. (1974) Introducción a la literatura fantástica, Fragmento. Cap. 2 “Introducción a lo fantástico”

Filmografía y videografía consultada

Factory Farmed, Gareth Edwards (2008)
Film Keynote: Gareth Edwards (2017). SXSW 2017
Gareth Edwards Interview (2016). MovieZine
Gareth Edwards on the making of Monsters (2016). Adobe Creative Cloud
Godzilla, Gareth Edwards (2014). Warner Bros. · Legendary Pictures
Interview with Gareth Edwards [on Monsters] (2010). Vertigo Films
Introduction to Factory Farmed (2010). Vertigo Films
The Making of MONSTERS (2010). Vertigo Films
Monsters, Gareth Edwards (2010). Protagonist Pictures/Magnet Releasing · Vertigo Films
¿Qué esconde Rogue One? (2017). Lucasfilm
Rogue One: A Star Wars Story (Rogue One. Una historia de Star Wars), Gareth Edwards (2016). Walt Disney Studios Motion Pictures · Lucasfilm
The Star Wars Show S1Ep10 – Star Wars Rebels Season 3 Clip, Gareth Edwards Interview, and More! (2016). Lucasfilm
The Star Wars Show S1Ep30 – Gareth Edwards Interview, Rogue One Red Carpet Live Stream Announce, and More! (2016). Lucasfilm
Visions of Hope: The Look of Rogue One (2017). Lucasfilm

Primer año fantástico

Durante el pasado año he cursado a través de la Universitat Oberta de Catalunya el primer año del Máster de cine fantástico y ficción contemporánea. Animado por haber recibido ya mi certificado de especialización en guión fantástico en calidad de sobresaliente, dedicaré las próximas entradas del blog a transmitiros lo aprendido acerca del género que más me apasiona.

Estas entradas serán variadas, oscilando entre análisis y reflexiones del género y sus orígenes, y reseñas de diferentes piezas del cine que nos compete.

Añadiré estas entradas aperiódicamente a las categorías de Cine y televisión y Cine | Fantástico o Reseñas según convenga.

Agradezco a mis compañeros y docentes que, estos últimos como guía, pero todos por partes iguales, me han ayudado a indagar en el género narrativo que más me apasiona. Hoy soy mucho más culto gracias a ellos.

La imagen, una ilustración del Mirkwood (Bosque Oscuro) del mundo de Tolkien, artista desconocido. Porque lo abstracto, desconocido y atractivos que me parecen los bosques representan una visión impecable de lo que el género debe transmitir.

Un saludo.

Ama et quid vis fac.