Primer año fantástico

Durante el pasado año he cursado a través de la Universitat Oberta de Catalunya el primer año del Máster de cine fantástico y ficción contemporánea. Animado por haber recibido ya mi certificado de especialización en guión fantástico en calidad de sobresaliente, dedicaré las próximas entradas del blog a transmitiros lo aprendido acerca del género que más me apasiona.

Estas entradas serán variadas, oscilando entre análisis y reflexiones del género y sus orígenes, y reseñas de diferentes piezas del cine que nos compete.

Añadiré estas entradas aperiódicamente a las categorías de Cine y televisión y Cine | Fantástico o Reseñas según convenga.

Agradezco a mis compañeros y docentes que, estos últimos como guía, pero todos por partes iguales, me han ayudado a indagar en el género narrativo que más me apasiona. Hoy soy mucho más culto gracias a ellos.

La imagen, una ilustración del Mirkwood (Bosque Oscuro) del mundo de Tolkien, artista desconocido. Porque lo abstracto, desconocido y atractivos que me parecen los bosques representan una visión impecable de lo que el género debe transmitir.

Un saludo.

Ama et quid vis fac.

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‘Nasus’ o una mañana de ficción en vida – Camino a Sitges. Toma 05

Escribo estas palabras desde mi nuevo despacho, en el nuevo piso de Sant Adrià del Besòs, mientras mi compañera busca la manera de arreglar la app de Movistar + en el televisor y así poder ver esta noche La La Land.

No es una manera inusual de empezar esta entrada del blog. De hecho refleja muy bien de qué hablaré: hace dos meses ni siquiera era capaz de plantearme el hecho de estar independizado, con un trabajo estable y en fase de desarrollo (a muy largo plazo) de mi primer largometraje. Lo sé, es mucha información. El caso es que el cambio – ¡oh, única, bendita y maldita constante! – está ahí para quedarse-y-no.

Pero vayamos, como Beppo, peldaño a peldaño. Aquello increíblemente fantástico que me ha llevado a escribir hoy aparecerá más abajo, pasada la fotografía.

Decir que el proyecto Khaerawüd sigue bailando por festivales y ha pasado por las manos de mi profesora de guión fantástico en el Máster, Helena Mas – de quien he recibido una jugosa y animada retroacción. Esperemos que un día llegue a buen puerto. Mucho ha llovido desde que se convirtió y más tarde dejó de ser mi proyecto predilecto. No obstante, como Palpatine de Anakin, espero grandes cosas de él.

El International Call de Teo Jansen se mantiene en fase de post-producción. Allí actué por primera vez desde hace años, tengo muchas ganas de verlo acabado.

Curiosamente, a International Call se le sumó un proyecto de animación, un piloto muy gamberro para una webserie 360VR titulado Nebuloid. Bajo las órdenes del genio-en-vida Pepe Rico, he dado vida a Kalcer, uno de los cuatro tripulantes de una nave espacial a la que le ocurren mil historias. Tengo unas ganas locas de que esto llegue a buen espacio-puerto.

Ambos proyectos los he interpretado en inglés y podéis acceder a sus respectivas fichas de IMDB aquí y aquí. Ay, no, perdón. Aquí.

También añadir que esta mañana he acabado de escribir el guión del booktrailer de Memorias de Harleck, de cuyo primer tomo os hablé hace unos años, y cuyo cuarto y último volumen saldrá a la venta este abril. El autor Roger Peruga y yo escribimos, mientras que el autor Pau Sitjar dibuja unas escenas que animarán Júlia Salleres y Helena Sánchez. En cuanto esté listo lo publicaré.

Y finalmente añadir que mi proyecto más ambicioso, Villa Offline, fue pasado ante el público hace exactamente un mes y dos días. Una experiencia un tanto decepcionante pero con una crítica más que favorable que nos está haciendo trabajar duro en un segundo montaje para enviar a festivales de todo el mundo. Recordad que esta película, espero, será aquella que nos lleve por primera vez como autores al Festival de Sitges.

Y – una vez acabada la introducción – vayamos al grano.

Esto que aparece en la imagen es la fábrica textil Tecla Sala. Y ella es la fuente de inspiración de mi primera largometraje.

Hace unos meses, una amiga, la autora Anna Hailer, me mostró un precioso libro azul titulado El gran llibre de les criatures fantàstiques de Catalunya, de Joan de Déu Prats y Maria Padilla. Me maravilló. No pude evitar comprarlo para mi deleite personal.

Pronto se lo mostré a la madre de mi madre, a mi querida yaya, Isabel. Y cuál fue mi sorpresa cuando reconoció algunas de las criaturas del libro por historias que le explicaban cuando era pequeña. En concreto una – cuyo nombre no revelaré aún, aunque los más avispados caerán en quién es muy rápido – que va muy arraigada a la historia de Barcelona.

Casualmente por aquell entonces, Helena Mas, a quien he mencionado en la primera parte de la entrada, pedía a los alumnos que se trabajara un guión fantástico a través de un personaje. Nunca he sido muy fanático del terror, pero he descubierto que se me da bien trabajarlo cuando lo trato como una simple y tenebrosa, a veces mortal, curiosidad hacia lo desconocido. Por lo que tomé una antigua idea narrativa, a mi abuela como protagonista (o aquella versión de ella que pulula por mi mente) y a la criatura y escribí un tratamiento de personaje y un guión.

Así nació Nasus [working title].

Durante los últimos cuatro meses la historia ha ido evolucionando y pasando por las manos de mi hermano Eze Páez o ambas mis profesoras Helena Mas y Almudena Verdés, los ojos de amigos escritores como Roger Peruga y Elena Samblás, mis amigos Marc Arrey y Rebeca Sánchez, y mis padres y mi yaya Isabel. Sobre todo ella. Porque ella es el alma y el corazón de la historia.

Nasus está situada en el Hospitalet de Llobregat y en la Barcelona de las Navidades de 1943. Todos los personajes principales revolotean alrededor de la fábrica Textil Tecla sala. Y, claro, más allá de basar mi escritura en las historias de mi querida yaya Isabel, necesito información factual sobre la fábrica textil – ¡y sobre todo visual! Es por esa razón que esta mañana he acudido, tras mi sesión de escritura con Roger, al barrio de la Torrassa en L’Hospitalet y, más tarde, a la misma Tecla Sala a por información.

¿Sabéis qué he encontrado? Nada.

¿Pero sabéis qué? Ellos también están buscando. Y -¡bum!

Como cosa del destino, he ido a preguntar por fotografías, vídeos, libros y/o maquetas sobre la fábrica para añadir información histórica a mi relato y me he encontrado que el Ayuntamiento, junto al Museo y la Biblioteca, están buscando testimonios históricos orales y visuales de la fábrica para hacer el mismo trabajo recopilatorio que he estoy haciendo yo. Cuando se han enterado de que mi abuela y sus amigas siguen vivas la emoción nos ha invadido – ¡cuáles son las probabilidades de que esto ocurra!

Si esto no es trabajo de campo para informarme sobre el trasfondo de la historia a escribir, nada lo es. Ya he movido hilos y contactado con aquellos que conozco que trabajaran en la fábrica para podernos poner manos a la obra.

Esto va a ser precioso.

En este momento, Nasus [working title] consta de 9 páginas y un gran grupo de personas a su espalda interesadas porque este proyecto, y de paso la memoria histórica que va de su mano, sigan hacia delante.

Si piso Sitges con un largometraje, que sea con este. Antes os debo una entrada acerca de Villa Offline. En cuanto esté acabado, os hablo.

Aunque, ya sabéis, pueden ocurrir mil cosas para entonces.

Ama et quid vis fac.

On my way – camino a sitges. toma 04

El ‘Camino a Sitges’ no está siendo aquel que me esperaba…

Está siendo mejor.

Al final, este año he ido al Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Sitges, que cumplía 50 años. Mi segunda vez en el Festival, ya que fui por primera vez en 2014 al estreno de Megamuerte (J. Oskura Nájera) en la que aparecían mis queridos amigos y colegas Álex Oliveres y Jordi Armengol. Pero no como esperaba. Ya que he ido como alumno del festival.

Así es amigos. Estoy estudiando de nuevo. Y, por fin, cine. Creí que sería imposible y me ha costado años ahorrar para ello, pero por fin soy alumno oficial, acreditado, de un Máster de cine fantástico y ficción contemporánea que ha creado el Festival junto a la UOC. Como alumno del máster tuve la oportunidad de pasar varios días en el festival y de conocer a gente… fantástica (este pasado domingo pasé la mañana acompañado de otros fans del género mientras Jaume Balagueró[Rec] (2007), Muse (2017) – nos mostraba el Parque Audiovisual de Catalunya. Una experiencia sublime, un hombre encantador).

Así que pasé por Sitges, y ahora Sitges forma parte de mi vida diaria y lo hará hasta, mínimo, junio de 2019 cuando acabe los estudios.

Sin embargo, eso no significa que aquello que me iba a llevar (o eso creía) al Festival ya no exista. Todo lo contrario.

Hace dos semanas acabé de rodar como actor en el cortometraje de ciencia-ficción y terror International Call de mi querido amigo director Teo Jansen. Interpreté a Tony, un joven nerd durante un apocalipsis a través de una videollamada, tras haber pasado años sin actuar. El dire está contento conmigo. Yo también. En unas semanas veremos resultados… ¡y a festivales!

Y lo más importante… Está a punto de acabar la post-producción del proyecto más ambicioso hasta la fecha.

Villa Offline es una comedia de terror, media hora de aventuras al más clásico estilo Edgar Wright/Frank Oz. Estoy muy orgulloso de ella, de mi equipo, de mis actores, y los cientos de personas que nos apoyan.

Este proyecto, al cual en breve dedicaré una larga entrada, nos representará en festivales desde enero de 2018. Tengo muchas ganas de que lo veáis.

Ama et quid vis fac.

‘Una ancestral magia olvidada’

Este pasado día del libro salió a la venta Celuloide y seda: Iconos del estilo en el cine – un libro de Doc Pastor sobre cine y moda (como bien puede acertarse en el título). El prólogo lo llevó a cabo la actriz Mónica Aragón, yo me encargué del epílogo, titulado ‘Somos lo que vestimos’. Podéis leerlo una vez adquiráis el libro o de estrangis en la Fnac.

El caso es que ‘Somos lo que vestimos’ fue la seguna opción para el epílogo. Mi primera redacción, ‘Una ancestral magia olvidada’, quedó en el cajón-metafórfico-que-es-una-carpeta-en-el-disco-duro-de-mi-ordenador… hasta hoy.

Epílogo: Una ancestral magia olvidada

Hace unas semanas una poderosa melancolía se apoderó de mí y revisioné por enésima vez Cantando bajo la lluvia. Qué maravilla de película.

Como todos recordaréis, ya que todos la habéis visto (y, si no, debéis cerrar este libro al instante y volver a abrirlo una vez os hayáis deleitado de su magia), la película comienza con la secuencia en que la estrella de cine Don Lockwood (Gene Kelly) y su fiel amigo Cosmo (Donald O’Connor) llegan al estreno de su nuevo largometraje, The Royal Rascal. Esta escena se sitúa, como ha de hacerlo, en la alfombra roja del Chinese Theatre de Hollywood Boulevard, literalmente un templo consagrado al séptimo arte.

Después de haber visto tantas veces esa escena, y sin necesidad ya de prestar atención a los diálogos, mis ojos se centraron en la caracterización de los personajes y entornos. Los años veinte, la boca de la Era de Oro de Hollywood, ¡qué clase! ¡Qué glamour, qué gente tan bella! Esa forma de vestir los trajes y colas de seda, y sombreros, y plumas, y calzado, y brillos, y capas… Por aquel entonces las estrellas de cine lucían realmente en honor a su nombre.

Estrellas encarnadas en hombres y mujeres acudiendo a un templo consagrado a una magia ancestral – la magia de la narrativa, de hacer real y en común la ficción en nuestra imaginación.

En esto fue en lo primero que pensé cuando tuve que ponerme manos a la obra con este epílogo: no debía ser nada más que un pequeño ensayo para acabar una obra, que complementara otra de muchas perspectivas acerca de la relación entre el celuloide y la seda. Pero que fuera significativo.

Tras darle un par o cientos de vueltas, nació la pregunta que, probablemente, siempre me había formulado: ¿dónde han ido a parar todo ese glamour y toda esa magia en el cine?

No malinterpretemos. Hoy un estreno sigue siendo motivo para vestir de gala – pero el objetivo de esa vestimenta ha cambiado. Y es que esas personas no se atavían de sus mejores prendas por ir a ver una película, visten sus mejores galas porque los medios van a ir a verles a ellos. Ir al cine ya no es motivo de respeto. Hemos convertido un ritual en una aburrida tradición.

Hace apenas un siglo, explican nuestros mayores, los jóvenes se pasaban horas acicalándose para reunirse un domingo por la tarde cada tantos meses e ir al cine. Y es que no solamente significaba una oportunidad de salir de la rutina diaria, o un motivo social, sino que suponía un recuerdo imborrable y todo debía ser perfecto.

“Recuerdo cuando mi tía me llevó a ver Tarzán de los monos”, “el vestido que me pusieron cuando me llevaron mis padres a ver al ratón Mickey y Blancanieves y los siete enanitos”. Hace menos de cien años no hacía falta ser una gran estrella de Hollywood para brillar a la hora de sentarte ante la pantalla de plata. Porque, a veces olvidamos, el cine era la nueva magia. Una magia de la que ya nos sabemos los trucos y que ya no nos llama la atención, puede ser. Pero es magia al fin y al cabo.

La magia de hacer real aquello que no lo es. ¿Cuándo perdimos el respeto por la magia?

Explicar historias siempre ha sido motivo de respeto. Antes de que aprendiéramos a escribir, ya reuníamos a nuestras gentes y cubríamos las paredes mediante pinturas rupestres que han permanecido con nosotros hasta hoy. Las historias representaban costumbres y definían cómo éramos.

Los inuit del norte de América, mucho antes de la llegada de los conquistadores, vestían ropas de colores y se representaban a sí mismos como animales y dioses de la naturaleza, reuniéndose para contar las historias de quién y por qué eran quienes eran, y con cada miembro de la tribu ataviado en honor a esa tradición. Las historias nos mostraban nuestro sentido en la vida, y educaban en valores y sociedad.

Cuando nació el teatro y más tarde la ópera, continuamos acudiendo a los templos con respeto. Respeto por ver a Julio César caer de nuevo, y las Valkirias cabalgar el Bifröst hasta el campo de batalla. Porque cuando se cuenta una historia, se hace real – y ser espectadores de ella no debería ser menos que el mayor de los privilegios. Las historias se convirtieron en un espejo del que tomar nota y reflexionar, acerca de nosotros, nuestro fuero interno, y lo que nos rodeaba.

Y entonces llegó el cine. Y durante casi cien años acudimos a los niquelodeones y carpas, a los campos y salas a postrarnos ante su magia. Las historias eran todo lo que habían sido hasta ahora durante milenios y mucho, mucho más. Eran una ventana a otro mundo.

Pero demasiado pronto perdimos ese respeto hacia ella.

Hoy en esta religión que es el cine, encontramos un templo en cada esquina, y en ese templo más de quince oraciones a la vez, muchas de ellas sin pretensión y que se llevará el viento. Pero no tiene por qué ser así. Durante diez mil años nos hemos engalanado para traer esas historias, e incluso hoy se dedican millones de recursos materiales y económicos en que los personajes de las películas vistan como los entes más importantes que ha visto nuestra sociedad: los porta-historias y cuentacuentos.

Pero nosotros acudimos al multi-cine del centro comercial con lo primero que encontramos en el armario.

Si este escrito ha servido de algo, que sea para recordar la importancia que tienen las historias y, por consiguiente, el cine. Convertir aquello que por desgracia para muchos se ha vuelto un acto cotidiano y recuperar la pasión de sentarse ante la gran pantalla, como lo hicieron nuestros padres y abuelos antes que nosotros.

Porque si ya le hemos perdido el respeto y no nos adecentamos para ir a ver una película, qué será lo siguiente, ¿sentarnos ante el televisor en ropa interior?

Miami Platja – Barcelona, Julio 2016

De Barcelona a Madrid, en taxi

Del 03 al 28 de mayo ‘¡Eh, taxi!’, mi micro-comedia teatral, será representada por un elenco de honor en Madrid en Microteatro por dinero, en el mismo centro de la ciudad capital.  No es mi primer texto ahí (he óido algunas risas desde BCN con La última emisora), pero es la primera vez que dirijo y me hace ilusión mil.

Paula Borrás Salmerón y Sam Sánchez vuelven a calzarse las botas de la Taxista y la Pasajera, como ya hicieron en Barcelona con más de 750 espectadores. Se les une el cómico Andreu Casanova (50 sombras de Andreu) que compaginará el espectáculo con sus otros shows en la ciudad de Quevedo. Le debo un montón por haber entrado en esta locura de proyecto.

Vuelve Rebeca Sánchez como cover y se une, con mucho orgullo, al actor y cantante Carles Quero (Esos locos fantasmas, El fantasma de la ópera) como si del destino se tratase. Ambos interpretaron a la pareja Doctor/Rose en The No-Nose Dog Project. Tengo unas ganas locas de verles a ambos de nuevo. Es un honor volver a trabajar con ellos.

Lidia Mayorga, actriz compañera en La última emisora, es la última cover, y de la emisora se une como cameo Ignacio ‘Cheve’ López Echeverría (creador de la misma) como la voz del presentador en la radio – papel que hasta ahora interpretaba yo y al que él le ha sabido dar el toque que necesitaba.

Mi ángel de la guarda, Laura Polo ‘Farfalla’, voz de los Wild Wood, me presta su voz de nuevo también.

Nonna Arruga y su Fotomatón Rojo han vuelto a hacer un trabajo espectacular. Tenéis que ver cómo trabaja. Fijáos cómo quedan sus fotos en el póster:

Gracias Doc, Joana. Gracias (incontables) Marc.

Muchas gracias a los que continúan haciendo grande a esta obra y, sobre todo, a los que ya no pueden acompañarnos en ella. Espero que vaya a verla Pérez-Reverte.

Nos vemos en Madrid.

Felicidades – tres años imperfectos

 Seré breve. Creo que felicitar a alguien, por lo que sea, es de las cosas más difíciles del mundo.

Felicitar por un aniversario, lo es más.

Dejando de lado los gestos de cortesía, los mensajes predeterminados y los gifs en redes sociales, es tremendamente complicado felicitar a alguien que te importa por su cumpleaños.

Y es que, aunque sea levemente, pasa la duda por la cabeza de, ¿realmente entenderá lo que quiero decir? ¿Cómo puedo asegurarme de que sepa que, si le felicito, es porque realmente siento algo por esta persona: me alegro de que esté aquí; es realmente importante para mí; y que, si no lo fuera, que por suerte lo es, no me molestaría en intentar poner en palabras las diferentes felicidades de cada tipo que vienen a mí cada vez que llega el día que celebramos que llegó al mundo?

Todo esto es muy complicado de expresar con palabras. Y, si escrito queda raro, imaginad en voz alta. Compartir tus sentimientos y no quedar como un guion de Richard Curtis es complicado, da igual los corazones que tengas.

Por eso es más fácil decir “felicidades”. Y así todos nos entendemos.

Hoy toca felicitar muchos, y no a uno. Y es que hoy el mediometraje Doctor Who: El mundo imperfecto cumple tres años de su estreno en el Doctor Who Day de Barcelona. Y no han tardado en recordármelo.

EMI no es sólo un metraje de fans para fans y blah-blah-blah, para muchos es el punto y aparte de una nueva vida. Un trampolín o primer paso interpretativo y profesional. Una experiencia cambia-vidas. La concepción de un sueño –

– porque muchos de nuestros actores empezaron a actuar o cambiaron sus papeles en él, tres meses de rodaje y de aventuras que hicieron danzar sus vidas hasta lugares insospechados;

– otros decidieron que este era el camino profesional (o no) que querían seguir, y sirvió como plataforma de lanzamiento para un futuro entre focos y cámaras;

– y porque meses después haría nacer Vision Factory Entertainment Studios, que todavía hoy con fuerza, pasión, ganas y esperanza sigue contando historias – y nos dio La tragedia de la Dama y el Tiempo, que es, hasta la fecha, mi cuento preferido.

Así que.

felicidades a Jordi, Albert, Álex, Mat y Carles. Felicidades a Claudia, Laura, María, Rebeca y Lucía. Felicidades a Aitor, a Lena y a José.

felicidades a Marc.

felicidades al (cf)3 y a la Asociación Planeta Gallifrey.

felicidades a Jordi y a Óscar.

felicidades a Rubén, a Esther y a Laia.

felicidades a Rach, a Violeta, a  Anna, a Rocío y a María.

felicidades a Jere, a Kike, a Helena, a Laura, a Mireia, a Jenny, a Valdric y a Alba.

Y mil gracias a los demás, que ya sabéis quienes sois. ¡Allons-y y Gerónimo!