Nueva autoría en el género. Gareth Edwards

Lo que sigue es un análisis de Gareth Edwards como nuevo autor en el género fantástico. Hasta donde me alcanza el conocimiento, esta es (o fue en su momento, finales de 2017) la primera vez que se analiza la obra del autor a través del género y de forma cinematográfica.

El trabajo debía ser de una extensión específica y tuvo que se acotado. No obstante, me encantaría algún día poder añadir toda la información que dejé de lado, además del procedimiento de análisis y no sólo las conclusiones, y trabajar con material gráfico. También me habría gustado dedicar páginas a cada una de sus películas, incluido su cortometraje Factory Farm, que podéis encontrar en YouTube.

Tampoco estaría mal traducirlo al inglés.

En todo caso, aquí tenéis esta pequeña pieza para catar.

La Estrella de la Muerte sobre Jeddha en ‘Rogue One’. D.O.P. Greg Fraisier.


Británico de padres galeses, Gareth James Edwards (Nuneaton, 1975) decide – como muchos otros cineastas del momento – que se dedicará a utilizar el séptimo arte para contar historias tras quedar maravillado por el Star Wars de George Lucas (1977).

Creció bajo influencias tales como las de Francis Ford Coppola o Quentin Tarantino, de quienes heredaría la importancia del detalle a la hora de dotar de credibilidad a personajes histriónicos y situaciones imposibles; pero su mayor influyente es el imaginario de Steven Spielberg, el análisis de cuyo lenguaje cinematográfico se convirtió en la base de todo aquello en lo que Edwards querría convertirse. No obstante, la falta de medios en Monsters (2010), su ambicioso primer largometraje, le obligó a desarrollar aquellas características que, no sólo acabarían definiendo sus rasgos como director, sino que llamarían la atención de Disney/Lucasfilm antes incluso de haber estrenado Godzilla (2014), su primera súper producción.

Tras veinte años de práctica en televisión, y con tan sólo un cortometraje y dos largometrajes a sus espaldas, Gareth Edwards acabó en boca de todos tras firmar Rogue One: A Star Wars Story (2016). “Big, bigger, bigger-er.”

Podríamos resumir brevemente las características que definen al director británico en tres grandes apartados:

Organic realism

O “realismo orgánico” en castellano. Este concepto acuñado por el mismo cineasta nace inesperadamente de la concepción y más tarde éxito de Monsters y se define por la “sensación de inmersión natural” que Edwards intenta conseguir en el espectador de sus historias. Surge de la necesidad de haber rodado un largometraje con más de 250 tiros de efectos visuales digitales (VFX) con un equipo de seis personas: dos actores, sonido, edición, producción y él mismo como director, guionista y cinematógrafo. La intimidad de la producción (la química y cercanía a los entornos se refleja en el metraje final), la falta de medios (“cine de guerrilla”: como si se tratara de un documental) y la calidad del resultado (fruto de los años de práctica como artista VFX en televisión) acabaron creando la experiencia monster movie perfecta para un público que hasta entonces lo más parecido que había visto había sido Cloverfield (2008) de J.J. Abrams.

 

Edwards como D.O.P. y director en su ‘peli de guerrilla’ ‘Monsters’.

Este organic realism destaca por tener personajes cercanos al espectador con los cuales sea fácil empatizar (sea por su situación y/o objetivos sociales y/o personales que pongan en común) y, por lo tanto, se conviertan en un acercamiento verosímil, una ventana cristalina a los eventos fantásticos a los que se enfrentan; y por crear un universo en la ficción lleno de detalles que dan sentido y credibilidad a todo aquello que ocurre en él: “embed as much reality [in the fantastic] as posible.” – ( Incrustar tanta realidad [en el fantástico] como sea posible. – Originalmente nota al pie).

Jason McGatlin, productor ejecutivo en Lucasfilm desde 2015, asegura precisamente que aquello que atrajo la atención de Edwards para dirigir Star Wars no fue su capacidad para llevar una producción como Godzilla, sino la de hacer “películas de monstruos sobre personas”.

Como Lucas pretendió con su American Graffitti (1973) y no consiguió con su Guerra de las galaxias, Gareth Edwards intenta plasmar ese efecto documental, esa sensación de “cine de guerrilla” en las grandes producciones como Godzilla y Rogue One: es importante aquello que se y ocurre, pero más cómo lo siente y vive el personaje al pie del cañón.

Ejemplo de cine de guerrilla en blockbuster en una escena del tráiler de ‘Rogue One’ que no llegó al montaje final. D.O.P. Greg Fraisier.

Concept boarding

Muchos directores planifican en base a la acción, Gareth Edwards planifica la acción en base a la composición. Los eventos que acontecen y lo que el personaje siente han de ser mostrados claramente al espectador, y Edwards planifica las escenas en base a diferentes planos, diversos fotogramas durante cada escena meticulosamente diseñados para que puedan resumir el qué, el quién y el cómo aprovechando todos los recursos del medio audiovisual.
Así el arte, la composición y la fotografía ganan una fuerza inusual en el cine de monstruos, aventura y ciencia-ficción. Un lenguaje audiovisual que se acerca a sus influencias originales como Spielberg e Irvin Keshner.

Esta puede ser la característica imperante de su opera prima Factory Farmed (2008), que le abrió las puertas al mundo del largometraje, y cuya fotografía es magnífica aun habiendo sido producido en tan sólo 48 horas. A falta de medios, Edwards juega con la luz, los paisajes abandonados de la Inglaterra de principios de siglo XX, e indumentarias básicas para crear una bellísima estética futurista.

Fue de hecho por su composición y fuerza estética, y el lenguaje utilizado en la escena del salto H.A.L.O. en Godzilla que gran parte del guion de la película se escribiría en torno a ella. Doug Chiang, co-production designer de Rogue One explica que Edwards insisitió mucho en trabajar con los artistas conceptuales de la película. Tal fue su influencia que, a partir de las ideas de Edwards trabajadas por su equipo nacieron no sólo conceptos que acabarían siendo planos representativos de la película, sino conceptos que definirían la trama de la misma: ocurre lo siguiente en la trama porque lo queremos ver.

Arte conceptual para el ‘H.A.L.O. Jump’ de ‘Godzilla’ por Matt Allsopp.

Fotograma final del ‘H.A.L.O. Jump’ en ‘Godzilla’. D.O.P. Seamus McGarvey.

 

 

 

 

 

 

Esta idea del director definiendo el film en base a la composición visual-narrativa del mismo, mucho antes del guion y por encima del story board, es lo que se conoce como concept boarding. Según el artista Matt Alsopp, que trabajó con el director británico en sus dos grandes súper producciones, este proceso también ha nacido de él.

Reflecting on “the fear of the time”

My generation didn’t grow up with World War II or Vietnam or the JFK assassination. The images that are seared into our brains and are part of the nightmares are the things like the tsunamis and Katrina. Sci-fi and fantasy have always reflected the fear of the time. – (Mi generación no creció con la 2ª Guerra Mundial o Vietnam o el asesinato de JFK. Las imágenes que han cauterizado en nuestra memoria y se han convertido en parte de nuestras pesadillas son cosas como los tsunamis y Katrina. La ciencia-ficción y la fantasía siempre han reflejado los miedos de cada época. – Originalmente nota al pie).

 

Allen Leech en ‘Factory Farmed’. D.O.P. Gareth Edwards.

Esta cita de Edwards refleja contundentemente lo que Kovacsics (2017) reflexiona en su artículo: y es que la estética va claramente acompañada de un poso político más que evi-dente en sus cuatro obras de ficción. En todas, una sociedad industrializada y corrupta por el control y el poder crea, directa o indirectamente, una amenaza para la sociedad: unos soldados clon conscientes de su desgracia; unos alienígenas nacidos de la búsqueda de la erradicación de las enfermedades en la Tierra; monstruos nacidos de la radiación; y una Estrella de la Muerte que controla a través del terror tecnológico.

La naturaleza y el equilibrio natural como víctimas (y en el caso de Godzilla como salva-ción) de y a todos estos males es también un motive referente. La destrucción de ecosis-temas (y sistemas) por parte de gobiernos controladores y militarizados, así como la falta
de entendimiento de aquello a lo que se enfrentan, se mimetiza en los tres largos del director. En todos ellos aparece siempre, por otro lado, y en medio del caos, un personaje o grupo de mismos que presentan un rayo de esperanza frente a un futuro (y presentes) apocalípticos.
En tres de las cuatro historias, por cierto, los héroes no consiguen más que cumplir sus objetivos sin llegar a vencer más que las adversidades expedidas por el “enemigo”, pero no al “enemigo” en sí. En la restante, los antagonistas son vencidos por un Deus Ext Lacartus.

El acercamiento a los personajes y sus arcos narrativos/viajes emocionales ligados con el viaje físico en sí, la importancia del tesoro por encima del viaje (Jasón del revés), y la creación de mundos ficticios que se asemejen al real, son otras tres características del director que podrían discutirse más adelante, junto a un análisis más exhaustivo de las mencionadas anteriormente.


Bibliografía consultada

Balló, J., Pérez, X. (1997) La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine. Barcelona, Anagrama
Casau, G. (2017) Nuevas autores del género fantástico. Recurso didáctico, FUOC·PID_00246686
Kovacsics, V. (2017) Tendencias del cine fantástico contemporáneo. Recurso didáctico, FUOC·PID_00246684
Kushins, J. (2016) The Art of Rogue One: A Star Wars Story. New York, Abrams
Latorre, J.M. (1987) El cine fantástico, Fragmentos. “Prólogo”, Cap. 1 “Del expresionismo a Lon Chaney”, Cap. 24 “El fantastique emprende nuevos caminos”. Barcelona: Fabregat.
Lucas (de), G. (2001) Vida secreta de las sombras: imágenes del fantástico, Fragmento. Cap. 1 “La luz no usada”
Sánchez-Navarro, J. (XXXX) Guía de lectura: Los géneros cinematográficos de Rick Altman. Recurso didáctico, FUOC·PID_00246688
Todorov, T. (1974) Introducción a la literatura fantástica, Fragmento. Cap. 2 “Introducción a lo fantástico”

Filmografía y videografía consultada

Factory Farmed, Gareth Edwards (2008)
Film Keynote: Gareth Edwards (2017). SXSW 2017
Gareth Edwards Interview (2016). MovieZine
Gareth Edwards on the making of Monsters (2016). Adobe Creative Cloud
Godzilla, Gareth Edwards (2014). Warner Bros. · Legendary Pictures
Interview with Gareth Edwards [on Monsters] (2010). Vertigo Films
Introduction to Factory Farmed (2010). Vertigo Films
The Making of MONSTERS (2010). Vertigo Films
Monsters, Gareth Edwards (2010). Protagonist Pictures/Magnet Releasing · Vertigo Films
¿Qué esconde Rogue One? (2017). Lucasfilm
Rogue One: A Star Wars Story (Rogue One. Una historia de Star Wars), Gareth Edwards (2016). Walt Disney Studios Motion Pictures · Lucasfilm
The Star Wars Show S1Ep10 – Star Wars Rebels Season 3 Clip, Gareth Edwards Interview, and More! (2016). Lucasfilm
The Star Wars Show S1Ep30 – Gareth Edwards Interview, Rogue One Red Carpet Live Stream Announce, and More! (2016). Lucasfilm
Visions of Hope: The Look of Rogue One (2017). Lucasfilm

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Primer año fantástico

Durante el pasado año he cursado a través de la Universitat Oberta de Catalunya el primer año del Máster de cine fantástico y ficción contemporánea. Animado por haber recibido ya mi certificado de especialización en guión fantástico en calidad de sobresaliente, dedicaré las próximas entradas del blog a transmitiros lo aprendido acerca del género que más me apasiona.

Estas entradas serán variadas, oscilando entre análisis y reflexiones del género y sus orígenes, y reseñas de diferentes piezas del cine que nos compete.

Añadiré estas entradas aperiódicamente a las categorías de Cine y televisión y Cine | Fantástico o Reseñas según convenga.

Agradezco a mis compañeros y docentes que, estos últimos como guía, pero todos por partes iguales, me han ayudado a indagar en el género narrativo que más me apasiona. Hoy soy mucho más culto gracias a ellos.

La imagen, una ilustración del Mirkwood (Bosque Oscuro) del mundo de Tolkien, artista desconocido. Porque lo abstracto, desconocido y atractivos que me parecen los bosques representan una visión impecable de lo que el género debe transmitir.

Un saludo.

Ama et quid vis fac.

‘Una ancestral magia olvidada’

Este pasado día del libro salió a la venta Celuloide y seda: Iconos del estilo en el cine – un libro de Doc Pastor sobre cine y moda (como bien puede acertarse en el título). El prólogo lo llevó a cabo la actriz Mónica Aragón, yo me encargué del epílogo, titulado ‘Somos lo que vestimos’. Podéis leerlo una vez adquiráis el libro o de estrangis en la Fnac.

El caso es que ‘Somos lo que vestimos’ fue la seguna opción para el epílogo. Mi primera redacción, ‘Una ancestral magia olvidada’, quedó en el cajón-metafórfico-que-es-una-carpeta-en-el-disco-duro-de-mi-ordenador… hasta hoy.

Epílogo: Una ancestral magia olvidada

Hace unas semanas una poderosa melancolía se apoderó de mí y revisioné por enésima vez Cantando bajo la lluvia. Qué maravilla de película.

Como todos recordaréis, ya que todos la habéis visto (y, si no, debéis cerrar este libro al instante y volver a abrirlo una vez os hayáis deleitado de su magia), la película comienza con la secuencia en que la estrella de cine Don Lockwood (Gene Kelly) y su fiel amigo Cosmo (Donald O’Connor) llegan al estreno de su nuevo largometraje, The Royal Rascal. Esta escena se sitúa, como ha de hacerlo, en la alfombra roja del Chinese Theatre de Hollywood Boulevard, literalmente un templo consagrado al séptimo arte.

Después de haber visto tantas veces esa escena, y sin necesidad ya de prestar atención a los diálogos, mis ojos se centraron en la caracterización de los personajes y entornos. Los años veinte, la boca de la Era de Oro de Hollywood, ¡qué clase! ¡Qué glamour, qué gente tan bella! Esa forma de vestir los trajes y colas de seda, y sombreros, y plumas, y calzado, y brillos, y capas… Por aquel entonces las estrellas de cine lucían realmente en honor a su nombre.

Estrellas encarnadas en hombres y mujeres acudiendo a un templo consagrado a una magia ancestral – la magia de la narrativa, de hacer real y en común la ficción en nuestra imaginación.

En esto fue en lo primero que pensé cuando tuve que ponerme manos a la obra con este epílogo: no debía ser nada más que un pequeño ensayo para acabar una obra, que complementara otra de muchas perspectivas acerca de la relación entre el celuloide y la seda. Pero que fuera significativo.

Tras darle un par o cientos de vueltas, nació la pregunta que, probablemente, siempre me había formulado: ¿dónde han ido a parar todo ese glamour y toda esa magia en el cine?

No malinterpretemos. Hoy un estreno sigue siendo motivo para vestir de gala – pero el objetivo de esa vestimenta ha cambiado. Y es que esas personas no se atavían de sus mejores prendas por ir a ver una película, visten sus mejores galas porque los medios van a ir a verles a ellos. Ir al cine ya no es motivo de respeto. Hemos convertido un ritual en una aburrida tradición.

Hace apenas un siglo, explican nuestros mayores, los jóvenes se pasaban horas acicalándose para reunirse un domingo por la tarde cada tantos meses e ir al cine. Y es que no solamente significaba una oportunidad de salir de la rutina diaria, o un motivo social, sino que suponía un recuerdo imborrable y todo debía ser perfecto.

“Recuerdo cuando mi tía me llevó a ver Tarzán de los monos”, “el vestido que me pusieron cuando me llevaron mis padres a ver al ratón Mickey y Blancanieves y los siete enanitos”. Hace menos de cien años no hacía falta ser una gran estrella de Hollywood para brillar a la hora de sentarte ante la pantalla de plata. Porque, a veces olvidamos, el cine era la nueva magia. Una magia de la que ya nos sabemos los trucos y que ya no nos llama la atención, puede ser. Pero es magia al fin y al cabo.

La magia de hacer real aquello que no lo es. ¿Cuándo perdimos el respeto por la magia?

Explicar historias siempre ha sido motivo de respeto. Antes de que aprendiéramos a escribir, ya reuníamos a nuestras gentes y cubríamos las paredes mediante pinturas rupestres que han permanecido con nosotros hasta hoy. Las historias representaban costumbres y definían cómo éramos.

Los inuit del norte de América, mucho antes de la llegada de los conquistadores, vestían ropas de colores y se representaban a sí mismos como animales y dioses de la naturaleza, reuniéndose para contar las historias de quién y por qué eran quienes eran, y con cada miembro de la tribu ataviado en honor a esa tradición. Las historias nos mostraban nuestro sentido en la vida, y educaban en valores y sociedad.

Cuando nació el teatro y más tarde la ópera, continuamos acudiendo a los templos con respeto. Respeto por ver a Julio César caer de nuevo, y las Valkirias cabalgar el Bifröst hasta el campo de batalla. Porque cuando se cuenta una historia, se hace real – y ser espectadores de ella no debería ser menos que el mayor de los privilegios. Las historias se convirtieron en un espejo del que tomar nota y reflexionar, acerca de nosotros, nuestro fuero interno, y lo que nos rodeaba.

Y entonces llegó el cine. Y durante casi cien años acudimos a los niquelodeones y carpas, a los campos y salas a postrarnos ante su magia. Las historias eran todo lo que habían sido hasta ahora durante milenios y mucho, mucho más. Eran una ventana a otro mundo.

Pero demasiado pronto perdimos ese respeto hacia ella.

Hoy en esta religión que es el cine, encontramos un templo en cada esquina, y en ese templo más de quince oraciones a la vez, muchas de ellas sin pretensión y que se llevará el viento. Pero no tiene por qué ser así. Durante diez mil años nos hemos engalanado para traer esas historias, e incluso hoy se dedican millones de recursos materiales y económicos en que los personajes de las películas vistan como los entes más importantes que ha visto nuestra sociedad: los porta-historias y cuentacuentos.

Pero nosotros acudimos al multi-cine del centro comercial con lo primero que encontramos en el armario.

Si este escrito ha servido de algo, que sea para recordar la importancia que tienen las historias y, por consiguiente, el cine. Convertir aquello que por desgracia para muchos se ha vuelto un acto cotidiano y recuperar la pasión de sentarse ante la gran pantalla, como lo hicieron nuestros padres y abuelos antes que nosotros.

Porque si ya le hemos perdido el respeto y no nos adecentamos para ir a ver una película, qué será lo siguiente, ¿sentarnos ante el televisor en ropa interior?

Miami Platja – Barcelona, Julio 2016

Soy el malo aquel de “El laboratorio de Dexter”

Cuando era crío me pasaba horas y horas delante del televisor. Pero horas y horas.

Cuando aún no existía la Televisión Digital Terrestre y los canales eran los que eran (aunque más de lo que solían ser) mis padres contrataron la tele por cable. No sé si os acordáis de Amena, que luego se convirtió en Menta y luego en Ono, y luego no sé en qué evolucionó. El caso es que estaban los que tenían Terra, los que tenían Canal + y yo tenía Ono.

Mi canal predilecto de Ono era Cartoon Network, que tenía todas las series de la factoría junto a las producciones de Hannah-Barbera y la Warner Bros., si no recuerdo mal. Y me gusta recordar bien, de hecho, las series que me tragaba día sí, día también aunque ya me hubiese visto todos los espisodios.

Daban los Looney Toons, Tom & Jerry, Código K.N.D., Ed+Edd+Eddy, Teen Titans, Johnny Bravo, Oveja en la ciudad, Scooby-Doo, Agallas: el perro cobarde, Vaca y Pollo… una locura de series. Una de las que recuerdo con más afecto es El laboratorio de Dexter.

Esta ha tenido un gran impacto en mi vida, y hasta que no he llegado a mi edad adulta no he sabido por qué. Y es por el señor que salía en los créditos: Genndy Tartakovsky.

Tartakovsky fue uno de los artistas, animadores y creadores con más maña de Cartoon Network, actualmente trabaja para Sony Pictures Animation. Suyas son obras maestras como El laboratorio de Dexter, Las Supernenas, Las macabras aventuras de Billy y Mandy (no la obra de ficción de Seymour Skinner Billy y el Clonosaurio), Samurai Jack, Star Wars: Las guerras clon y largometrajes como Hotel Transilvania 1 y 2.

La animación de este hombre, su humor, sus historias, guiones, conceptos han sido (y son) uan gran influencia en mí a la hora de escribir y dirigir. Me encanta que los actores se comporten como si formaran parte de una película de animación, sobre todo en comedia. Hace que el ritmo narrativo visual sea mucho más fluido, conciso y atractivo.

Habían grandes episodios de Dexter: el de omelette du formage, en el que únicamente podía decir eso por intentar estudiar en el último minuto un examen de francés; o el del alumno que vive enganchado en un chicle al fondo del autobús; o personajes como Mandark y el padre de Dexter… Pero había uno…

… había un episodio que me ha venido recientemente a la cabeza gracias a /por culpa de mis ánimos a la hora de trabajar en proyectos propios.

Yo fui un niño vago. Muy vago. No hacía nunca los deberes, no me gustaba estudiar: sólo jugar con mis muñecos de Star Wars, al Banjo-Kazooie de la Nintendo 64 y ver dibujos animados. Nunca acababa las tareas que empezaba.

Pero cuando hablo de tareas no hablo sólo de las que nos ponían en el cole, sino también de mis proyectos personales. Escribía cuentos, construía fortalezas para mis figuras de acción, naves espaciales, armaduras, ordenaba y re-ordenaba mi habitación, coleccionaba cromos y figuras, etcétera.

O comenzaba a hacerlo. Siempre me pasaba igual: de repente tenía una idea visionaria y decía, “buah, colega, lo que haré esta tarde”. Pero procrastinaba cuando el término no existía aún, se hacían las tantas de la noche y no conseguía hacer nanai.

A veces me quedaba en el boceto mental de la idea.

¡Y qué queréis, tenía una TV con reproductor de VHS en mi cuarto! Aquello era un no parar de ver pelis y pelis mientras hacía nada… o pretendía jugar con mis figuras de acción (haciendo demasiado caso a la tele perdí la mano de mi Luke Skywalker en la Batallla de Bespin).

El caso es que – este episodio trataba de cómo Dexter se encontraba con un antiguo alumno del colegio al que iba que era un genio pero que nunca acabó sus estudios. Que lo dejaba todo a la mitad. Este tipejo (que no recuerdo su nombre y no he encontrado el título del capítulo) tiene ahora unas cacho máquinas y robot para cargarse a Dexter, pero este vence al tipo fácilmente porque, igual que no acababa los trabajos de peque, no acaba los robots hoy. Vamos, que son una chusta y se desmontan.

Recuerdo ver el episodio con mi padre, un sábado por la mañana en el sofá, desayunando. Y a eso que Dexter vence al tipo este y, claro, me río por lo ingenioso del episodio (habiéndome tragado todos los Python y José Luis Cuerda ya apreciaba bien los guiones), a lo que mi padre me espeta:

– ¿Ves lo que le ha pasa’o? Aplícate el cuento y ponte las pilas.

Duro, pero cierto. Mi padre siempre ha sabido golpear con la verdad como Rocky con sus puños. Y creédme, es un buen símil: mi padre tiene un aire a Stallone. De lejos y con los ojos entrecerrados, pero ahí está.

Bueno, pues como anunciaba en el título: ahora soy el malo aquel de El laboratorio de Dexter. Me paso los días creando y teniendo ideas para novelas, sagas, series, guiones mil… me emociono como un Beagle con una hogaza de pan y luego me siento, me pongo a escribir, y al rato, paso.

¡Cuántas historias habré dejado de contar con esta parida! ¿Por qué me cuesta tanto acabar lo que empiezo? Tengo la respuesta: una vez lo creo, por muy objetivamente bueno que sea, me parece una soberana mierda. Pero soberana sin elecciones. Soberana de “mando porque lo impongo y huelo“. Soberana rollo España/USA.

Hoy le hablaba de esto a la amiga y actriz Marta Beren, y me ha dicho entre sabias lecciones y metáforas de lavandería: valen la pena, vales la pena, no seas vago, escribe.

No me lo ha dicho con esas palabras, pero ese es el mensaje. Y creo que tiene razón.

Me apetecía escribir esta entrada, desahogarme, y lo he hecho. Me ha costado, pero lo he hecho. Y creo que este día es diferente. A partir de hoy,

De guiones terminados y Errejaldes va la cosa – Camino a Sitges. Toma 02

He aquí la segunda entrada de este diario de producción.

Y ha pasado bastante desde la primero, ¡quién iba a decir que el proceso de llevar algo al Festival de cine sería tan tedioso! Y no tedioso porque amargue, tedioso porque no deja amargar.

Veréis, desde la última entrada en la que relaté cómo VisionFES decidió centrarse en la producción de cortometrajes, han pasado muchas cosas: se ha acabado de escribir el guión, cambiado la fecha de estreno, detallado la producción… y de mientras se han desarrollado un par de cortometrajes o tres de forma intermedia y acabado de filmar un spot para cines y redes.

Vamos por partes.

En primer lugar, el PROYECTO BRUXAS ya está guionizado y bautizado. Su título KHAERAWÜD, que en una lengua distante y arcana, Gaezani’tan (La lengua del llano) significa El bosque oscuro. The Dark Forest, en inglés. Que queda más cool.

Los diálogos del guión están siendo desarrollados en Gaezani’tan y Khani’tan, las dos lenguas habladas en el reino. Lo creáis o no, desarrollar la fonética, gramática y vocabulario de una lengua es mucho más divertido. Mi trinchera, por eso, es mi habitación, despacho y cafetería particular.

Durante la primera fase del proyecto, como siempre de mano de, y al lado de todos mis compañeros y equipo, me acompañará codo con codo la ilustradora Aisha Ullah (aquí podéis ver su blog). Nos encargaremos de relatar un prólogo que funcionará como Teaser Trailer del proyecto para más adelante encontrar financiación. Ahora, buscamos estrenarlo en Sitges 2017.

Como explicaba, se ha desarrollado un presupuesto inicial para el cortometraje que excede las expectativas. Conscientes de que no podremos filmarlo en tiempo (el dinero no crece en los árboles, se ve), dedicaremos los próximos meses a rodar pequeños cortometrajes – algunos infinítamente más chulos que otros. Todos geniales al final.

De mientras, esta semana terminé un rodaje largamente postpuesto:

El spot para la ONG STOP Accidentes llega a su fin con el rodaje de las últimas escenas con la colaboración del galardonado actor vitoriano Karra Elejalde (Ocho apellidos vascos, Tambén la lluvia… para mí siempre será Mortadelo).

Fue un rodaje muy breve, y se comportó de manera muy profesional teniendo en cuenta que no andaba muy bien de salud. Nos reímos, me alagó, comparó mi estatura con la de Clara Lago (eres una claralaguita, me dijo) y se marchó deseándonos a todos lo mejor a su manera.

El spot se podrá ver pronto en los Cinesa a nivel nacional – aquí la ficha del corto en nuestra web. Es un gran paso para mí, profesionalmente… y he de decir que hacía tiempo que no me sentía tan bien de manera personal.

Un saludo, prometo no tardar tanto en escribir la próxima vez.

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Camino a Sitges. Toma 01 – Diario de producción: primera entrada

Por lo que sé, soy un fanático de las historias desde más allá de lo que mis recuerdos alcanzan.

Antes de que mi madre se sentara a mi lado para que aprendiera a leer con los libros de El barco de vapor, mi padre me relataba historias de salamandras vaqueras que vivían aventuras en el lejano oeste y mi hermano me detallaba con emoción todas los cuentos y leyendas de la Tierra Media que acababa de leer. Todas estas historias después se las explicaba a mis amiguitos del cole, quienes (la mayor parte del tiempo) las escuchaban ávidamente.

Claro, una vez pude tener un libro en mis manos me puse a leer a la par que empecé a devorar películas y series. Nada más entrar en secundaria, decidí que mi camino en la vida sería contar historias, de todo tipo: el placer de hacer soñar, sentir y aprender a través de la narrativa es mi droga.

Esta droga la he compartido con mi hermano, Ezequiel (Eze (Tete (Dr. Gordo))) durante muchos años. En cuanto conocemos una historia (o partes de La Historia) que no conocemos, corremos a contárnoslas. Y, de vez en cuando, nos contamos historias de nuestra propia invención. Así fue cómo nació este proyecto, hará casi dos o tres años.

La historia que avanza camino a Sitges.

Hace ya mucho que pretendía que esta historia fuera a Sitges. Pero siempre pasa algo – ahora mismo Vision Factory se retrasa por el rodaje de un spot para cines y el programa Exploradores 3.0 que podéis ver en las FNAC de Barcelona -, y siempre se deja de lado.

Cuando mi hermano y yo retomamos el trabajo en esta historia – a la que llamaremos de aquí en adelante el Proyecto Bruxas, moví a todo mi equipo para ponernos manos a la obra a la par que empezamos a re-imaginar, crear, re-redactar todo aquello que diera una base firme a este proyecto. Pero shit tends to happen.

Hasta el viernes por la noche.

El viernes por la noche, el cineasta Dani Portillo, que ha sido mi director de foto en varios proyectos y me ha dirigido como actor en su último corto, me soltó aquello que necesitaba que me soltaran: nos juntamos para hacer cine, para hacer cortos, y al final nada de nada. Aquella frase, el apoyo de los presentes, algo de alcohol, y un ominoso discurso acerca del destino que no es destino pero que, ey, coño, se ha de aprovechar hicieron que hoy empezara este diario de rodaje.

Porque hoy he comenzado a escribir el borrador.

Un borrador que aún está lejos de ser definitivo, pero que gracias al impulso y el trabajo de todos será la primera baldosa del camino a Sitges.